¿Aceptas?

Hamm- No puedo abandonarte.

Clov- Lo sé. Y no puedes seguirme.

–Samuel Beckett, Fin de partida .

Hoy, por fin, es domingo y no debe de tardar en llegar Paula. Apenas van a dar las cinco de la tarde. A veces me pregunto cómo pasa el tiempo, aunque, últimamente, me exaspera eso de deshojar las horas. Ella se fue a una fiesta desde el viernes y no me ha llamado durante este fin de semana, lo que, por una parte, me tiene bastante tranquilo. A pesar de encontrarme tan lejos de ella, la recuerdo despacito y sin ayuda, esperando que razón y corazón hagan las paces, aunque en estos casos no sea la mejor opción.

Hace cuatro años que comparto más que mis sueños, fantasías, perversiones e ilusiones con Paula, por eso nunca olvidaré el maravilloso detalle aquel primer cumpleaños que pasamos juntos y ella llegó con un enorme pastel a la universidad. -¡Feliz cumpleaños, amor! Por poco lloro al verla sonreír, su pelo primorosamente despeinado, agotada por la arritmia pero llena de ilusión esperando el momento de querer ver mi cara al recibir tremenda sorpresa. -No sabes los nervios que pasé, primero para conseguir el pastel, agradécele a mi abuelita Petra, luego llegar hasta C.U. y que en el camino lo fueran aplastar, por último llegar y no encontrarte, ya que te dije que entrarás a tu última clase pero que te salieras rápido para festejar. Al caer la noche, todos se habían ido a otro planeta y pasamos una velada espacial bailando tangos con la lengua.

Los buenos tiempos nunca duran para siempre. Las bromas, los detalles, las historias interesantes, los sentimientos, la magia… todo llega a desgastarse en una relación, a tal grado que la monotonía tocó a la puerta y decidió quedarse. Recuerdo cuando antes había amor, que éramos:

-Amor, ¿Hoy, te voy a ver?, -Gracias, amor por un día más a tu lado, -¡Buenos días, amor! Te quiero. -En las noches frías te extraño tanto, amor.

No siempre es sexo en una relación, pero definitivamente crea un vínculo que cuando se rompe va desangrando poco a poco aquello que podemos definir como “la magia”. Incluso, aún conservo aquella vieja varita pero la distancia y el modo de actuar de Paula me han obligado a guardar el sombrero, los guantes y el traje. Espero que no llegue el día y se haga tarde para preguntar por conejos, si no, tendré que pagarle al corazón todo lo que le debo…

Ahora, ni siquiera un mensaje al celular diciendo: ¡Buenos días!, Corazón., mucho menos alguna canción cursi con una dedicatoria especial. Se acabaron los besos de novela que duraban más de cinco segundos, incluso las salidas a cualquier lado ya no son lo mismo desde que Paula propuso las nuevas reglas del juego. -Si en verdad quieres seguir con esto, tienes que aceptar que yo saldré con quien me dé la gana.-Tú puedes hacer lo mismo con esas amiguitas tuyas. ¡En serio! No me voy a enojar. El chiste era lograr adaptarnos a la modernidad para comprobar si en verdad lo nuestro tiene arreglo o solo estamos encaprichados el uno con el otro. Algunos pensarían que murió el amor, y sobrevive el recuerdo, ya que Paula es todo lo contrario a la que un día conocí.

-Pero, Paula, ¿Por qué dices eso?

-Tú sabes muy bien que durante estos años mientras estabas conmigo, te morías de ganas por salir con alguna de ellas, ¿A poco no? Dime si no sigues fantaseando con Magaly, tu ex de pechos grandes, o soñando con Itzel, la niña de buen cuerpo que usa tacones y siempre te anda abrazando, incluso hasta le regalaste la edición especial de Rayuela o ¿Me equivoco?

-Eso no es cierto, ya te expliqué…

-No quiero seguir escuchándote más. Ya te dije; eres libre de irte cuando quieras.

Por más que trato no logro comprender eso de las relaciones abiertas, digo, yo sé amar sin condiciones, sin excusas, sin prisas, estoy chapado a la antigua. Sin embargo, el tener que pensar que Paula sale con otro hombre como si yo no existiera, sin la necesidad de decirme a dónde va o con quién está, me atormenta. Por supuesto los celos nunca pasan de moda, pero en estos casos no tendrían razón de ser, la culpa al final fue mía. ¿Cuántas veces yo le di rosas y ella solo veía espinas?

En realidad muy en el fondo quería que lo nuestro fuera como antes. No tenía intención alguna de salir con Magaly o con Itzel, a pesar de que las oportunidades que se me presentaban para hacerlo eran frecuentes. Me daba miedo, o algo parecido, utilizar esa “libertad” que me ofrecía Paula. Con Magaly era sencillo coincidir, platicar y quedar en alguna salida espontanea. En cambio, con Itzel nunca tuve una relación más allá que de amistad. La conozco desde que era una niña, ya que su madre la dejaba encargada con mi abuela todas las tardes. Ahora que es una adolecente bien desarrollada, la mayoría de mis vecinos se muere por salir con ella. Yo la veo como si fuera mi hermana pequeña y nada más. Sí le regalé una edición especial de Rayuela lo hice para que leyera algo más que Benedetti, Neruda, Guillen. Mi error fue mencionarlas en cierta ocasión en que caí en el juego de Paula cuando trató de darme celos comparándome con el pusilánime de Ignacio, su ex. Una mujer perdona, pero jamás olvida ese tipo de comentarios.

-Mira, vamos a hacer algo. Nacho me invitó a salir. Quiere que vaya con él este fin de semana a una fiesta que hará en Cuernavaca. Si de verdad confías en mí, el domingo por la tarde cuando vuelva, seguiremos siendo novios, pero si llegara a pasar algo entre él y yo, te marcaré. Obvio, no es necesario que contestes.

-¿Lo dices, en serio?

-Tú confía, y si de verdad me amas, vas a dejarme ir. Velo como una prueba para ti y para mí. Una oportunidad para los dos.

-¿Crees que yo podría quedarme tranquilo mientras tú te vas con tu ex novio por más de veinticuatro horas y luego a una fiesta donde todo puede pasar?

-Si piensas que soy una cualquiera no entiendo porqué sigues conmigo. Ya te dije: No te aferres.

-…

-Bueno, entonces ¿Aceptas?


Por Atzin Capote.

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