Libro de la semana: Jesucristo Gómez

Viernes, viernes húmedo en la Ciudad de México, que se encuentra sufriendo la más torrencial lluvia de los últimos cincuenta años. Por ello, quedarse en casa con un chocolatito caliente y un buen libro se convierten en atractivos planea. Pero, ¿qué leer? No teman, bienamado público, pues venimos a ustedes –como es costumbre– con nuestra recomendación semana, que esta vez corre a cargo de nuestro barbudo preferido: Pablo Valle, filósofo en formación y lector voraz. Dejemos, pues, que nos ponga en buen camino:


El teatro, aquel entretenimiento artístico que, por desgracia, es en muchas ocasiones ignorado por el público mexicano. Si comparamos los precios de un boleto de teatro y uno de cine, nos resulta un poco más clara la  razón. Así es, el gran público suele preferir espectáculos más baratos y más accesibles, y esto me resulta lamentable, pues en México no falta el buen teatro; y para dotar de credibilidad a esta declaración, les traigo una muy curiosa obra que recién he descubierto. Se trata de Jesucrito Gómez, del gran escritor mexicano, recientemente difunto, Vicente Leñero, publicada en 1986 por la editorial Océano con un modesto tiraje de cinco mil ejemplares.

“Escrita por un cristiano con un lenguaje y una convicción que intentan alcanzar sobre todo a los cristianos, Jesucristo Gómez desea ser, a un tiempo, un renovado acto de fe en el Cristo de las Escrituras y una reflexión dramática sobre el país de los humildes”. Con estas palabras nos introduce el mismo Leñero a la dramatización de su novela El Evangelio de Lucas Gavilán, la cual vio la luz en el setenta y nueve. En ambos casos se trata de un relato que se incrusta en una muy vieja tradición, la de reescribir los evangelios de acuerdo a una u otra ideología. Si Thomas Jefferson lo hizo siguiente las ideas ilustradas de su tiempo, a Leñero le tocó hacer lo propio desde las trincheras de la teología de la liberación, y por ello vale la pena que repasemos un poco sobre esta filosofía latinoamericana con tal de entender un poco mejor a Leñero como escritor y a esta obra como declaración política.

La segunda mitad del siglo XX fueron, para Latinoamérica, tumultuosos (por decirlo de alguna manera). La toma de la Habana en Cuba, el movimiento estudiantil en México y la victoria de Allende en Chile son sólo unos cuantos ejemplos del espíritu de esperanza que cubría al mundo hispanohablante (esperanza, en los tres casos, que se vería salvajemente ultrajada), el cual buscaba embarcarse en lo que sería llamado liberación.

El término venía a desplazar el hasta ese momento usado ampliamente en la literatura de la izquierda europea y eurocéntrica (tema, el eurocentrismo, que tiene gran immportancia hasta este momento): la emancipación. Éste término significa mayoría de edad, el asumirse como capaz de dominar la propia vida y dirigirla de acuerdo a los criterios e ideales que la razón común dicten, una noción perfecta para describir la lucha Europea desde el siglo XVII por dejar atrás las antiguas instituciones feudales (recuérdese a Kant definiendo ilustración como emancipación), y a partir de la última parte del XIX por emancipar al pueblo del dominio de una razón de mercado que pone en primer lugar el aumento en la tasa de ganancia, despreciando el sufrimiento humano que esto pueda acarrear.

Uno de los argumentos de los pensadores de la liberación fue que América Latina no se encontraba en las mismas condiciones que Europa, y por lo tanto no podía hablarse de una emancipación. Ellos veían (y siguen viendo) un continente dominado y explotado por naciones enteras, las cuales extraen como vampiros la vida del cuerpo hispanohablante. Por ello se debía buscar liberar estos países, romper con las relaciones asimétricas que propician su explotación. Mucho de esto encontramos en la teología de la liberación, la cual toma como punto de partida la condición del pobre, el cual lo es no por designio divino, sino por acción humana, y por ello no se puede ignorar el papel que ciertos actores sociales tienen en la situación. Para ello se partía de una nueva lectura de los Evangelios, los cuales venían ahora a hablar sobre la rebelión empezada por el nazareno en contra de las instituciones opresivas en la Galilea del siglo I a.d.n.e.

Para quien el evangelio es una historia del pasado, se puede leer tranquilamente, como a Aristóteles o a Platón. Pero un cristiano –y yo siento que mi fe me impulsa a pensar así– ¡carajo! No puede leer el Evangelio como lee a Aristóteles. Lo tiene de alguna forma que actualizar. ¿Qué significa el evangelio para mi vida, o para la vida de mi sociedad, o para los problemas políticos que me planteo? ¿Tiene algo que decirle a mi tiempo realmente?

Estas palabras de Leñero, recogidas en una entrevista realizada en el ochenta por José Ramón Enríquez sobre El Evangelio de Lucas Gavilán, resumen de manera perfecta el sentimiento que la religiosidad latinoamericana llamaba suyo en aquellos años de tumultuosa esperanza.

Con esto podemos entender mejor la obra que nos atañe, en donde encontramos a un Jesucristo nacido en la más extrema pobreza de que es posible el México desarrollado: en los basureros de la zona limítrofe que separa al DF del Estado de México. Más allá de esta premisa central, no hay mucho que decir. La historia sigue a Jesucristo Gómez en su misión  evangélica, tomando muchas escenas del Nuevo Testamento y actualizándolas para el escenario moderno.

Este, más allá de las intenciones de Leñero, es un libro que puede hablarle a cualquiera que se llame a sí mismo humano. En él encontramos un maravilloso y conmovedor viaje panorámico al mundo de la miseria y la zozobra en que millones de Mexicanos están condenados a pasar su vida, y, a su turno, el viaje de un hombre por intentar cambiar la vida de sus hermanos y hermanas, de los que como él viven en el absoluto pauperismo. Espero le den una oportunidad, como este ateo lo hizo, y que en él descubran un lado de la religión que rara vez se hace presente.

Publicado por

Redacción

Esta cuenta representa a la redacción de la revista Callejero, constituida por los colaboradores de la misma.

Deja un comentario

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *