El erotismo en el sentido del gusto

“Monólogo del hombre boca” de Alan Estefan es un cuento que se encuentra publicado en la revista Opción (septiembre 2015, N°189, pp. 10-13), y cuya principal característica es la creación de un erotismo poco convencional. En la pintura o en la literatura es la imaginación quien juega un papel importante, mediante el sentido de la vista. Lo que se nos oculta es lo que normalmente asociamos con el erotismo. No obstante, todos los sentidos se encuentran asociados con la creación del placer sexual humano. En este caso, es el gusto quien juega un papel fundamental.

Entre los placeres más simples del hombre se encuentre el de satisfacer la necesidad de alimento. La comida es algo fundamental para el ser humano pero, también es un productor de placer. No por nada se busca siempre el mejor platillo o aquel que nos provoque mayores sensaciones. La combinación de sabores con el fin de llegar a la producción de algo único e inigualable, algo que nos cree un goce. La cocina también es un arte, satisfacer al paladar mediante la degustación de determinadas cosas también es una forma de producir placer en el sujeto.

En el caso de este cuento la experiencia es llevada más allá. El sentido del gusto es el que predomina en el hombre boca. Todo su ser se convierte en una boca, no es que lo sea físicamente sino que su placer se encuentra mediado por el paladar. De esta manera es como él siente el mundo. Pero, el hambre es algo insaciable. La comida es un gusto momentáneo que termina muy pronto, y que requiere ser proporcionada al cuerpo de nuevo en muy poco tiempo. Cuando se tiene hambre no se puede pensar en otra cosa, sólo quiere satisfacer este deseo lo más pronto posible, no puede esperar, por ello, es un arma de dos filos. “No puedo dejar de salivar hasta saciar mi hambre; soy el hombre que no conoce el término ‘más al rato´”. (p. 10)  De alguna manera este hombre se convierte en un preso de sus deseos.

Los deseos más simples, los placeres más mundanos, de todo ser humano, al parecer, son los que lo dominan. Nadie puede luchar contra su deseo de dormir, de comer o tomar agua, etc. Nos encontramos sujetos a lo que dicta la naturaleza aunque nos resistamos a ello. El hombre boca es esclavo dos veces y a la vez es carcelero de sí mismo. Es dos veces prisionero porque funde dos necesidades básicas en una sola, la de comer y la tener sexo. Crea en el sentido del gusto su sexualidad y es a través de él que vive el placer carnal. Pero a la vez es su propio guardia porque él mismo es quien se impide salir de esa cárcel porque, para él no es una prisión sino que, al contrario, es completamente libre de vivir y experimentar todas las sensaciones que el mundo le puede ofrecer; sensaciones que se limitan al gusto.

“Pero no crean que con eso me conformo; también me gusta ver al mundo sentir hambre por mí”. (p. 11) Pese a estar limitado por un solo sentido logra ampliarlo de otras formas. Ver como otras personas sacian su hambre ya sea con él o con otra persona y, por supuesto, ser devorado por su amante son sensaciones que también disfruta. Le gusta conocer el mundo mediante la boca y que, a su vez, éste lo conozca a él de la misma manera.

Es así como este cuento nos demuestra que el erotismo no sólo surge de la imaginación o de la vista sino que también se encuentra en otros sentidos. El más olvidado y no obstante, uno de los que mayor placer produce. ”Muchos piensan que la lujuria entra por los ojos o se manifiesta en las manos. En mi caso, no es así. Yo todo lo que deseo, lo deseo por la boca”. (p. 10)

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