Epístola

Para M:

Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.
-Vicente Huidobro.

Lo primero que pensé cuando te vi, fue en llevarte a la cama, lo segundo algo bastante obvio, el querer hacerte mía con furia, pasión, deseo y hasta con lujuria; tal vez debido al prolongado tiempo sin acción con alguna chica, pero lo tercero que imaginé, fue en que sería terrible terminar en un instante, sobre todo de mala educación y peor en nuestra primera vez. Será importante dejarte una buena impresión o de menos una breve sonrisa de satisfacción. Ahora desearía que pasáramos de un lugar común a algo más íntimo, más nuestro, para estar solos en un cuarto de cuatro por cuatro y ser dos, sin la necesidad de multiplicarnos. Siguiendo con el conteo quiero llegar a un quinto acontecimiento, en el cual sin duda estaré un poco agotado después de poseerte a ti, amazónica mujer, tu fuego y ganas resultaran doblemente terribles. Uno va por la calle siempre observando a las mujeres como depravado sexual, desvistiéndolas e imaginando que haría con semejante ejemplar bajo su dominio, pero no piensa en la cantidad de variables, donde esa mujer te puede hacer pedazos literalmente u oralmente, en todo caso, con sus artimañas, sus posiciones, hasta con una simple diminuta caricia bien dada puede hacerte perder la concentración y terminar llenando el preservativo con restos de amor.

¡Vaya!, son las seis de la tarde, el tiempo vuela y más cuando estoy dentro de ti; claro, volamos, sudamos, sentimos, gozamos…,  a pesar de que los orgasmos de tan sólo diez segundos se vuelven míseros minutos acomplejados por lograr la sincronización de dos cuerpos. Tal vez nos den las siete en punto, justo cuando volvamos a besarnos y saciar nuestras ganas de soledad, misma que por fin nos une. Te recordaré con tu cuerpo desnudo, esa silueta tuya parecida a un ocho perfecto, donde ambos pechos me invitaron a dormir y arrullarme con tu arrítmica respiración, está por demás decir algo de tus caderas pues cumplieron y se movieron al ritmo de tus fonemas.

Es el día siete del octavo mes del año 2009… me dices que te escriba una carta narrándote las diez primeras cosas que pensé cuando te vi la primera vez, pero siéndote sincero, esto sería lo más cuerdo: el deseo de besar tu boca,  escuchar tu voz,  sentir tus besos, tomar tu mano, dormir contigo, acariciarte el pelo, estar a tu lado, platicar, conocernos, disfrutarte. Ahora, que sabes cómo pienso, lo que pienso, cuando pienso, te aburrirás con mis chistes bobos o películas cursis, mis caricias improvisadas y detalles infantiles.

Pd. Ahora ya sabes por qué yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios.


Por Atzin Capote.

Deja un comentario

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *