La lectura como un instrumento de crítica social (Primera parte)

Quizá no hubo días en nuestra infancia más plenamente vividos que aquellos que creímos dejar sin vivirlos, aquellos que pasamos con un libro favorito.
Sobre la lectura, Marcel Proust.

Hace algunos días encontré, en ese mar de información llamado internet, un texto referente a la lectura escrito por Juan García Ponce (1932-2003). Leer es un pequeño texto de apenas 4 páginas que aparece en Las huellas de la voz (México:Coma, 1982), en donde de manera poética, el autor analiza la complejidad que representa el proceso de lectura. Para García Ponce, el escritor se encarga de hacer un libro, de infundirle el poder de la palabra a través de la escritura, para después abandonarlo. El libro ha quedado solo, pero gracias al escritor posee la cualidad de hablar. Sin embargo hasta que éste no sea leído, “las palabras que se han hecho poema, novela, ensayo, están inquietas, en silencio”, (p.4). Creo que la mayor parte de nosotros nos entregamos por completo a la lectura cuando hemos encontrado un texto que ha cautivado nuestros sentidos, aunque poco reflexionamos sobre dicho proceso.

Leer es un magnífico ejercicio para adiestrar la imaginación y obtener conocimientos; no obstante la lectura también debería de generar en nosotros un sentido de conciencia que nos permita ser lectores críticos. No sólo deberíamos conformarnos con el acto de leer, sino que además es necesario plantear preguntas tanto al autor como a su texto, para con ello poder cuestionar a la sociedad que nos rodea. Es por esta razón que en este pequeño ensayo me propongo analizar de manera breve algunos elementos que conforman el proceso de lectura desde la Estética de la Recepción, la cual reivindica el papel del lector. No se puede hablar del verbo leer sin considerar al receptor de dicho proceso, pues es justamente este destinatario quien deberá emplear lo aprendido en sus lecturas en el ámbito de la cotidianidad, para con ello establecer que la lectura posee un carácter social, pero, ¿cuál es la función de la lectura dentro de la sociedad? y ¿en qué consiste la actividad crítica del lector en la información que se nos presenta cada día, por ejemplo en las redes sociales? Para contestar a la segunda pregunta me parece pertinente retomar las teorías del crítico argentino Noé Jitrik en su libro Lectura y cultura, cuestión que será analizada con mayor detenimiento en la segunda parte de este estudio.

Antes de comenzar con la Teoría de la Recepción, me parece pertinente abordar la actividad de la escritura, la cual es de suma importancia para comprender el arte de la lectura. No es mi propósito hacer un análisis del proceso histórico de la escritura, empero considero pertinente citar algunas nociones históricas con respecto a dicho proceso, ya que no se puede comprender un texto sin recurrir a dos inventos que han dado paso a la génesis de la lectura. El primero es la creación de la escritura, y el segundo la invención de la imprenta. En lo que respecta a la escritura, citaré al recientemente fallecido escritor y filósofo Umberto Eco (1932-2016), en De Gutemberg a internet, conferencia que fue pronunciada por el autor en la Academia Italiana de Estudios Avanzados en Estados Unidos, el día 12 de noviembre de 1996. Eco abrió dicho coloquio con una cita al Fedro de Platón. En ella se describe el mito de la invención de la escritura, específicamente en el pasaje que cuenta que el dios egipcio Theuth presentó al faraón Thamus una nueva técnica “que permitiría que los seres humanos recordarán aquello que de otra manera quedaría en el olvido”. Esta ciencia no es otra que la escritura, invento que no termina por convencer del todo al faraón, quien argumenta que dicho recurso haría que los hombres dejaran a un lado el uso de la memoria. La creación de la escritura, lejos de suponer el olvido de la memoria, fomentó que muchos textos importantes, que en un inicio pertenecieron a la oralidad, se preservaran a través de dicha técnica tan novedosa. De acuerdo con  María Alicia Peredo Merlo en Lectura y vida cotidiana. Por qué y para qué leen los adultos, en el caso de las sociedades orales, la rima, para los antiguos griegos, fue el instrumento por excelencia que fomentó la memoria de importantes fragmentos.  Luego con el surgimiento de los primeros signos que constituyeron un parteaguas para la escritura, aparecieron listas y tablas que documentaban datos importantes. Posteriormente se implementaron leyes que rigieron la vida social de los pueblos, y finalmente surgieron los textos narrativos,  los cuales se encargaron de preservar la historia y los mitos cosmogónicos de cada pueblo. De esta manera, la lectura que antes se hacía en voz alta pasó a ser sustituida por la lectura interiorizada.

La escritura, por tanto, tuvo dos principales objetivos, los cuales hasta nuestros días siguen vigentes. El primero es el de almacenar información, y el segundo el de establecer una comunicación de tipo no presencial.

La segunda gran invención que propició la difusión de la lectura fue la imprenta. Este nuevo artefacto sustituyó las copias manuscritas hechas por los copistas, principalmente durante la Edad Media. El desarrollo de la imprenta trajo consigo la difusión de libros que antes se encontraban destinados exclusivamente a un grupo hermético de personas. Por ello el saber se fue “masificando”, lo que también generó que la cultura letrada aumentara. Este hecho generó que se implementaran nuevos métodos que permitieron la difusión de la enseñanza, tanto de la escritura como de la lectura..

Leer, por tanto, implica una conversación entre al autor y el lector a través de un texto, sin embargo el escritor se encuentra ausente en dicha platica. El proceso de lectura ha sido analizado en el pasado desde diversos actantes, como el autor o el texto, pero en esta actividad el lector es un factor clave, pues su objetivo será develar las palabras del autor para con ello hacer de esta experiencia algo útil y aplicable a su entorno diario. Es esta característica social de la literatura lo que nos lleva a ahondar en el tema de la Estética de la Recepción. Estas teorías fueron inauguradas por el crítico Hans Robert Jauss. La novedad de este pensamiento radica en su ruptura con la tradición literaria que sólo se enfocaba en la obra o en el autor, mas no en el lector o receptor.

El 13 de abril de 1967 Jauss pronunció un discurso inaugural en la Universidad alemana de Constanza, el cual es considerado como el manifiesto de la Teoría de la Recepción. Posteriormente dicha conferencia se publicaría bajo el título de La historia de la literatura como provocación de la ciencia literaria. De entrada Jauss rompe con teorías anteriores como el Formalismo Ruso, el Estructuralismo de Europa Occidental y la Nueva Crítica (New Criticism) en E.U. ya que las posturas de las ideologías anteriormente mencionadas no dejaban espacio al papel activo del lector, por el contrario, éste se presentaba como un ser pasivo. Por otro lado cabe señalar que la nueva estética de Jauss buscaba una función más social de la literatura, por ello una de sus tesis consiste en replantear la relación que hay entre literatura y sociedad, tema que ya había sido abordado, en parte, por el marxismo de la República Democrática Alemana, sin embargo los marxistas dejaban fuera de su doctrina la función social de la literatura, ya que no trataban en sus postulados dicha función desde el enfoque de la recepción literaria. Esta razón fue la que llevó a Jauss a vislumbrar la función social de la literatura desde el punto de vista del público receptor. En este caso me parece que el lector es una clara representación de la sociedad a la que pertenece, por ello la Estética de la Recepción precisó la necesidad de establecer un vínculo más cercano con él.

Aunque las teorías de Jauss pueden parecer bastante complejas, Adolfo Sánchez Vázquez en la Segunda conferencia a La Estética de la Recepción (I). El cambio de paradigma (Robert Hans Jauss) resume las tesis fundamentales de esta teoría, por lo que me parece pertinente recomendar dicho texto para una mejor comprensión del tema abordado.

Retomando a Jauss, en el establecimiento de su nueva teoría, ésta se encargó de desplazar 3 paradigmas de la tradición literaria:

  1. Clásico-humanista: este paradigma está regido por la poética clásica, por ello juzga las obras del presente con base en los autores clásicos, los cuales sirven además como modelos de imitación. Este modelo domina desde la antigüedad griega hasta los siglos XVIII y XIX. Por lo regular este tipo de lecturas son más nombradas por todos aquellos que quieren parecer cultos, pero la realidad es que son poco leídas. Cabe señalar que estas obras son clásicas porque nunca pasarán de moda, y su lectura, por lo general, nos manifiesta el modelo de pensamiento que el hombre ha tenido a través de la historia. El contacto con estas obras nos hace descubrir algo que quizá siempre hemos sabido, por ejemplo la lectura que tuve de Madame Bovary me hizo relacionar varios temas como la infidelidad, la autodestrucción por el consumismo y el inconformismo material de la protagonista con la realidad social de nuestro presente.
  2. Historicista-positivista: en este arquetipo surge una reivindicación por la unidad nacional y los Estados nacionales durante el siglo XIX. La literatura dentro de este modelo unifica y enfatiza el nacionalismo.
  3. Estilístico-formalista: surge en el siglo XX después de la 1ra Guerra Mundial. Este modelo concibe a la obra como un sistema autónomo, pues la explicación de ésta radica en ella misma y no en factores históricos, sociales o psicológicos. Por tanto se trata de abordar la propiedad esencial que hacía que una obra fuera definida como literaria, tomando en cuenta para tal fin un método científico. La peculiaridad de esta clasificación radica en que en el caso del formalismo, el lenguaje utilizado por la literatura no es el mismo del que empleamos en nuestra vida diaria. Este lenguaje literario o poético era visto como independiente, con palabras que renovaban el mundo y retenían la atención del lector. En lo que respecta a la estilística, los valores poéticos son los que le dan sentido al texto. Elementos literarios como el sonido, las imágenes, el ritmo, la sintaxis, el metro, la rima y las técnicas narrativas son lo que realmente importa para dicho modelo.

Los paradigmas anteriormente descritos se caracterizan, según Jauss, por “dejar a un lado el papel activo del lector o receptor en el proceso de lectura o de recepción”. En el texto se hallan vacíos de significado que deben ser llenados por los conocimientos obtenidos a partir de la lectura, pero también con la experiencia previa que el lector posee, (lecturas anteriores que funcionan como guías de comprensión, así como su bagaje cultural, y el conocimiento que posee del mundo a partir de sus experiencias vividas). El autor  establece 7 tesis que describirán, de manera más profunda, las principales características de la Estética de la recepción. En este caso resumiré dichos postulados de manera concisa:

Primera tesis: entre la obra y el lector se establece una relación dialógica, en la cual ésta se encuentra abierta ante el receptor. Antes de esta práctica el lector ya cuenta con una experiencia previa, abordada en la relación con sus lecturas anteriores, y también con sus conocimientos del mundo. La historia de la literatura se basa en dicho aspecto.

Segunda tesis: en ésta se establece lo que Jauss denominará Horizonte de expectativas, lo cual se traduce como “lo que el lector espera de su lectura con respecto a un determinado texto”. El lector, como ya habíamos mencionado, ya posee ciertos conocimientos sobre la obra, los cuales le vienen dados por sus lecturas previas, en las cuales el receptor halla sus conocimientos literarios. Estos saberes se refieren a aspectos como el género al que pertenece el texto, su forma, la temática, etc. En 1980 Jauss estableció dos horizontes de expectativas: uno es el del autor (inscrito en la obra, y por ende sin cambios); y el otro el del lector, el cual sí cambia, ya que el texto será releído desde otros horizontes de expectativas, los cuales estarán condicionados por las situaciones históricas del lector.

Tercera tesis: aparece la Distancia estética, la cual se encuentra entre el horizonte de expectativas dado, (lo que el lector espera del texto) y el horizonte de expectativas del público, (la opinión del público con respecto a la aparición de nuevas obras). En este caso la calidad artística de un texto estará asociada con la innovación. El horizonte de expectativas cambia con la aparición de nuevas obras. Con respecto a los autores que no fueron comprendidos en su época, esto resulta de la lectura errónea que se ha hecho de su obra, alejada del sentido que en realidad el escritor quiso dar al texto.

Cuarta tesis: el pasado de la obra será abordado desde el presente del lector. Las respuestas que el texto haya dado en el pasado no serán necesariamente las mismas para el lector actual. Reconstruir el horizonte de expectativas nos permite analizar cómo fue percibido un texto en el pasado, así como diferenciar entre una interpretación actual y una hecha en años anteriores. Como podemos ver la interpretación es un fenómeno histórico, pues se trata de ver cómo ha sido recibida la obra en los distintos períodos de la historia literaria.

Quinta tesis: la variedad de las interpretaciones en la historia determina un proceso diacrónico (a lo largo del tiempo). Es necesario tomar en cuenta el horizonte de expectativas de cada período y sus diferentes lecturas para con ello conciliar las distintas interpretaciones que la obra ha tenido a lo largo de los años.

Sexta tesis: los métodos de sincronía y diacronía de la lingüística moderna pueden aplicarse a la historia de la literatura, ya que la tradición sólo se ha enfocado en la diacronía (los procesos literarios vistos a lo largo del tiempo, como por ejemplo la sucesión temporal tanto de los autores como de sus obras, así como sus recepciones). No obstante, para Jauss, la sincronía (que se enfoca en un momento específico de la historia), la cual ha sido dejada a un lado, debe incorporarse, pues en ella podemos observar el horizonte de expectativas del lector en un momento determinado. Por ende, es necesario que la obra literaria sea analizada tanto diacrónica como sincrónicamente, para con ello lograr la clasificación del texto en un determinado sistema.

Séptima tesis: ésta es quizás la más importante de toda la Teoría de la Recepción, ya que en ella se aborda la función social de la literatura. La literatura es vista como una imagen de nuestra realidad social, no obstante esta representación puede ser “tipificada, idealista, satírica o utópica”. La recepción del lector no sólo debería ser una experiencia literaria, como de mero entretenimiento, sino que además el receptor debe integrar dicha práctica a su actividad cotidiana o praxis vital.

La Teoría de la Recepción presupone un diálogo donde el pasado y el presente establecen una conexión. Se trata por ende de pensar el pasado de manera crítica, esto a partir de la lectura en el presente que el lector hace de la obra. El texto es sometido a una serie de preguntas con el propósito de abordar su comprensión.

Como vemos, la lectura implica una actualización con nuestra cotidianidad, sin embargo, ¿estas lecturas pueden presuponer cualquier clase de textos, incluyendo los de contenido vacío como los de las revistas de espectáculos?  Me parece que Jauss sólo se refiere a textos de carácter literario, sin embargo creo que cualquier tipo de lectura nos aporta una idea del mundo en el que vivimos, y por ende son aplicables a nuestro entorno social. No obstante, este tipo de textos se emparentan con las sociedades de consumo que buscan en el entretenimiento un refugio a la crisis de valores de la cual somos víctimas actualmente. Definida por Mario Vargas Llosa como la Civilización del espectáculo, en ella encontramos lecturas que han sido delimitadas como un alentador de la lectura carente de sentido; en este caso se trata de sustituir las obras literarias que aporten un sentido crítico a nuestras vidas por otras más “entretenidas” y banales.  Los medios informativos, como las redes sociales, han tenido un papel predominante, ya que hoy en día gracias a plataformas Facebook o Twitter, uno puede enterarse de todo lo que pasa en el mundo con sólo hacer un click. Por un lado el desarrollo de la burguesía, así como la disponibilidad de información a casi todos los ámbitos sociales, han propiciado que en nuestro presente la cultura sea un asunto de masas. En lo que respecta a la lectura, en la actualidad la moda, como dice Vargas Llora es leer literatura light, ésa que se ha creado con el exclusivo propósito de divertir, con obras que no representen un gran esfuerzo para el ingenio intelectual. Ahora bien, esta lectura ligera implica la muerte no ya del autor, sino la de la crítica, o por lo menos su vía de extinción en la actualidad. En algo estoy de acuerdo con Vargas Llosa, y es en que en nuestra época la crítica existe, se encuentra presente en todo lo que se relaciona con la farándula y los espectáculos, pero esa crítica de antaño que cuestionaba a la sociedad parece ser ahora sólo un recuerdo del pasado.

Por otro lado las campañas publicitarias de reconocidas tiendas de libros han fomentado la idea de que tener un libro a tu lado te hace más intelectual. Comprar un libro no te hará una persona más inteligente, sino consumista, pues en la actualidad los libros se han vuelto un mercado que vende demasiado, en especial las sagas juveniles que están tan de moda. Éstas no representan un proceso complejo de lectura, no obstante la mayor parte de los jóvenes que consumen dicha literatura no suelen abrir su panorama intelectual a otras lecturas mucho más enriquecedoras. En las redes sociales es tan común compartir frases célebres de autores como Shakespeare, Kafka, Joyce y Schopenhauer, entre otros, sin haber leído nunca un solo libro de ellos. Pareciera que el mercado del intelectual ligado a la figura del Hipster moderno se ha convertido en una de los emblemas de la juventud consumista, la cual busca aparentar o fingir tener un conocimiento de algo que en la realidad no posee.

Volviendo al tema de la crítica que tratábamos anteriormente es momento de preguntarnos: ¿qué ha determinado que hoy en día hayamos dejado la crítica a un lado para satisfacer nuestras vidas en el mero ocio conformista? Quizá sea la publicidad, la cual ha fungido como un aletargador que nos ha alejado de la verdadera problemática social, pero también es que no hemos aprendido a ser críticos, pues parece que dicho arte ya no se enseña. A los niños ya no se les inculca la necesidad de criticar todo lo que les rodea, entonces no podemos esperar más de los intelectuales de las grandes escuelas humanistas. No por ello presupongo que ya no hoy seres pensantes en la tierra, más bien considero que la crítica se ha ido extinguiendo con el avance de la tecnología.

Para recuperar el bello oficio de la crítica es necesario partir de lo que leemos, pues las lecturas que el sistema nos “recomienda” son sólo un placebo para mantenernos somnolientos ante la realidad que se nos oculta. Pero, ¿en qué consiste una lectura de carácter crítico? Esta pregunta será planteada en la segunda parte de este ensayo.

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