La memoria del olvido

Sabés
dijiste
nunca
nunca fui tan feliz como esta noche.
Nunca. Y me lo dijiste
en el mismo momento
en que yo decidía no decirte
sabés
seguramente me engaño
pero creo
pero esta me parece
la noche más hermosa de mi vida
Sabés
La receta, Idea Vilariño

Hace algunos años salió en el mercado alemán un producto novedoso: pastillas para olvidar malos recuerdos de forma eficaz y de manera definitiva. La información en la cajita blanca con letras negras solo decía lo siguiente:

Vía de administración: Oral. Indicaciones: Elimina el 99.9 % de los malos recuerdos. En el noventa por ciento de los casos los recuerdos se convierten en sueños que al despertar uno va olvidando, gradualmente, durante el día. Dosis y modo de empleo: Adultos: Ingerir un par de pastillas; una roja y otra azul, por las mañanas, pero en ayunas y otro par, ahora una amarilla y otra roja, antes de dormir, durante tres semanas. Consérvese a temperatura ambiente a no más de 30°C y en lugar seco. No se deje al alcance de los niños. Uso en el embarazo y lactancia: No se use en el embarazo y la lactancia. Precauciones y advertencias: Por la sustancia activa no puede, ni debe mezclarse con otras pastillas, ya que generaría una pérdida total de la memoria. Reacciones secundarias y adversas: Dolor de cabeza agudo por varios días, recapitulación momentánea de todos los momentos vividos desde que uno nace, y de forma secuencial, hasta el segundo después de que se ha tomado la primera dosis, y en casos extremos; la posibilidad de dejar de soñar de forma definitiva.

1ª Dosis: 500 mg

Yo tenía una novia que recordaba todo, absolutamente todo.

Fue un domingo de agosto cuando entonces la conocí, su primer beso ya sabía a despedida. Ese día, Soledad me recitó de memoria y sin avisar lo que había hecho, y dejado de hacer, en general, a lo largo de sus veintiún años, pero en esa misma fecha en particular. Le gustaba hablar igual que caminar, por lo tanto siempre terminábamos en alguna parte de su vida tomando un café con leche y fumando con ecos hacia el pasado. Algunos de mis amigos decían que podría aburrirme de conocer hasta el más insignificante detalle de su breve existencia, sin embargo fue más la curiosidad y el deseo de poder unir las lagunas con los tiempos pasados de nuestras historias, lo que me hizo quedarme, escuchar y quererla.

Con el paso de los días logré recordar los nombres de: sus veinticinco primas maternas, sus dieciocho sobrinos paternos, sus quince perros, diez de ellos adoptados, tres regalados y dos extraviados. La fecha de su primer beso robado, la hora exacta en que se enamoró, después la terrible decepción. Incluso cómo, cuándo y por qué fue su primera vez hace seis años, tres meses y cuatro días, en el único cuarto de la azotea de aquel edificio de cinco pisos en donde siempre había vivido.

Yo, para aprenderme el camino correcto y llegar a su casa tuve que ir tres veces seguidas, en una semana, con el fin de no perderme en futuras ocasiones. En cambio, Soledad memorizó sin problemas los detalles de mi colonia, los semáforos y las avenidas, los escalones y las entradas, para llegar, puntualmente, a la hora exacta del despegue amoroso. Era durante esos breves momentos de pasión en que ella se olvidaba de todo menos de mi nombre.

2ª Dosis: 250 mg

Es increíble cómo el amor nace y se marchita.

Cierto día, Soledad se cansó de recordar: los aniversarios cada veintiocho de mes, los besos para el desayuno, los ridículos detalles hechos a mano, las canciones con ritmos simples y rimas forzadas, los celos absurdos, las infidelidades con mis vecinas y las verdades a medias, por eso decidió comenzar de nuevo. Lo único que dijo era que estaba harta de recordar tanto lo bueno como lo malo. Quería olvidar momentos de su infancia en donde sus primas maternas la ignoraban por tener un diente desviado. Olvidar que su papá se fue cuando ella tenía apenas dos años y ella estaba aprendiendo a caminar. Olvidar cuando perdió la virginidad con su vecino de enfrente una tarde que se había ido la luz.

Quería olvidarme perdiendo la memoria y ganando una nueva oportunidad.

Quería olvidarse de lo poco que dura un “para siempre”.

Quería olvidar.

3ª Dosis: 0 mg

Después de unos años de ser turista en mis recuerdos la encontré en una biblioteca del sur. Creí que Soledad había olvidado por completo sus malos recuerdos, entre ellos a mí, aunque yo seguía recordando quién era ella, a tal grado que podría dar cursos intensivos de su vida. No tenía la seguridad de que fuese ella, y sin embargo su figura se ajustaba a mis recuerdos, a pesar de que su pelo lacio le llegaba más abajo de su espalda y ahora era de un color rojizo, incluso su diente desviado se había alineado con los demás, los tres lunares en forma de triángulo escaleno en el pómulo izquierdo seguían estando allí. Caminé tras ella con la idea de que era ella. Tenía frente a mí una nueva oportunidad de volver a enamorarla, aunque, quizá, creo que habría terminado cagándola de la misma manera. Yo seguía aferrándome al borde de unos viejos recuerdos. Cuando casi quería confesarle mi identidad, comprendí que mi turno en su estación lo había perdido para siempre, mientras que otro, ahora con boleto en mano, ocupaba mi lugar para posar sus labios en aquella boca que alguna vez me hizo tan feliz.

Renuncié a cualquier posibilidad de equilibrio emocional. Abandoné mis sueños e ilusiones por morir al lado de alguien. También quería olvidar y fingir que todo era un sueño ya que siempre despertaba abrazado a su débil recuerdo. Dicen que lo malo del amor es cuando toca negociar con el olvido, por eso cuando me cansé de esperar a que mi corazón perdiera su memoria y quise comprar esas pastillitas tan famosas que Soledad compró, me enteré que ya no las vendían por ningún lugar, debido a que habían cerrado la fábrica hace algunos años por la poca o nula efectividad de las pastillas.

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