“La negra Angustias” y el papel de la mujer en la Revolución Mexicana. Novela de formación, contrastes e ironía

La Novela de la Revolución tuvo su aparición dentro de la literatura mexicana poco después de que se iniciara el conflicto armado en 1910. Varios escritores vivieron dichos acontecimientos de cerca como testigos presenciales, tal es el caso de Mariano Azuela, quien participó como médico militar en las fuerzas militares comandadas por Francisco Villa. A pesar de que el tema de la Revolución Mexicana cobró gran importancia, muchas novelas fueron clasificadas de manera errónea dentro de la novela revolucionaria por tener como tema de fondo la lucha armada, pero en realidad dichas obras dejaban de lado este conflicto para fijar la atención en el desarrollo psicológico de sus personajes. Tal es el caso de La negra Angustias, la cual más que ser una novela de la Revolución Mexicana, presenta los rasgos de una novela de formación o Bildungsroman, además de ser un texto bastante interesante, ya que aborda la figura de la mujer durante la lucha revolucionaria. Dicha obra es un claro ejemplo de ironía y contrastes, elementos que se desarrollan al final de la trama.

La negra Angustias del escritor mexicano Francisco Rojas González (1904-1951) es considerada la obra más importante y conocida del autor, de acuerdo con especialistas en el tema como Joseph Sommers. Fue publicada en 1944, y uno de sus más grandes méritos es ser la primera novela de la Revolución Mexicana que tiene como personaje central a una mujer. Del gran listado de novelas que hablan del tema, solamente Tierra (1932), de Gregorio López y Fuentes y La negra Angustias, hablan de la revolución agraria, (Lorente Medina, p. 79).  Es importante hacer un paréntesis para señalar que la revolución realizada por Emiliano Zapata en el sur, se centró exclusivamente en el problema de la distribución de las tierras a los campesinos. El movimiento zapatista más bien fue una revolución independiente, que coincidió con los alzamientos de Madero, Villa y Carranza.

La novela de Rojas González utiliza como telón de fondo el tema de la Revolución Mexicana, es decir, éste, aunque se encuentra presente en la trama, queda en un segundo plano, ya que el escritor desea resaltar la historia de su personaje principal. Antonio Castro Leal en su prólogo a La novela de la Revolución Mexicana menciona que  entre las características que definen a una novela dentro de dicha clasificación es que se refieren a acontecimientos de tipo autobiográficos, donde el pueblo y la causa social fungen como principales protagonistas, “La novela de la Revolución Mexicana de la primera época es siempre una novela vivida”, (Castro Leal, p.27). De esta manera, y desde mi punto de vista, La negra Angustias no debería ser considerada como una novela de la revolución.

Obras como Andrés Pérez, maderista (1911), Los de abajo (1915) Cartucho (1931) y Tropa vieja (1943) son algunos ejemplos de novelas propiamente enmarcadas dentro de dicha temática. Los escritores de la revolución vivieron de cerca la lucha armada que inicio con el levantamiento maderista el 20 de noviembre de 1910, y concluyó el 21 de mayo de 1920 con la caída y muerte de Venustiano Carranza. La ficción y la realidad juegan un papel importante en dicha novelística, ya que la mayor parte de los escritores sino fueron protagonistas, por lo menos vivieron de cerca los cambios y conflictos revolucionarios. Otros aspectos que se enlista dentro de dicha clasificación son las marcas idiomáticas (jerga popular), la descripción de pasajes violentos con una esencia épica, la mención de personajes históricos y la necesidad de plantear un sentimiento de nacionalismo.

En el caso de La negra Angustias, la trama, más que girar en torno de la Revolución Mexicana, lo hace en el desarrollo psicológico del personaje principal. Si bien, es cierto que la obra de Rojas González posee elementos como el habla rural, la mención de figuras históricas como la de Emiliano Zapata con su lucha por los derechos agrarios, y la inserción de pasajes basados en hechos reales; estos elementos quedan en segundo plano para evidenciar con más detalle la vida y el sorprendente cambio de la coronela Angustias.

La trama de la obra se desarrolla desde los primeros meses del levantamiento de Zapata, hasta 1914. Algunos estudiosos como Sommers, opinan que Rojas se basó, para crear a su personaje, en la vida de Remedios Farrera, una mujer que combatió como coronela durante la Revolución Mexicana. La tesis sostenida por Seymour Menton en La negra Angustias, una Doña Bárbara mexicana, expone que el personaje de Rojas González comparte muchas similitudes con el de Rómulo Gallegos, lo cual lleva a afirmar al autor que Angustias está basada en la heroína venezolana.

La novela cuenta la vida de Angustias Farrera, una joven mulata afro-mexicana, quien luego de vivir bajo la sombra protectora de su padre, las circunstancias la llevan a unirse a la “bola” revolucionaria, como coronela de un ejército zapatista en su natal Morelos. Francisco Rojas González fue etnólogo en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional, hecho que pudo haber servido de inspiración al autor para establecer la herencia racial de la protagonista. La madre de Angustias era “blanca y fina”; y su padre mulato, “de ella sacó Angustias las facciones y de usted los ademanes, la resolución y lo prietillo”, (p.13). Desde el título, negra Angustias, ya se está haciendo hincapié en la casta de la protagonista. La mayor parte de nuestra población es de origen mestizo. Si bien, es cierto que los españoles se mezclaron tanto con indígenas como con esclavos africanos, esta última mezcla se ve escasamente en la etnología mexicana. Pareciera que el tema del color juega aquí un papel importante. La joven Angustias podría ser desde un inicio considerada como rebelde por la herencia de esclavitud africana que viene dentro de su genética, por ello su mentalidad choca con los ideales femeninos de las mujeres indígenas, como se verá más adelante.

La figura de Angustias es más compleja de lo que parece, ya que el personaje cambia su personalidad en repetidas ocasiones. Sabemos que al morir su madre, recibe la protección de doña Crescencia, quien posee fama en el pueblo de ser curandera. Un día su padre, el viejo Antón Farrera, quien había sido presidiario, regresa a la aldea. Tras enterarse de que antes de morir su mujer dio a luz a una niña que lleva su sangre, decide buscarla para vivir con ella. De entrada, Angustias pasa gran parte de su niñez sin la presencia de una imagen masculina en su hogar, puesto que Crescencia era viuda. No existe por tanto un personaje viril que ofrezca protección a ambas mujeres; ellas deben de  labrarse su porvenir y cuidado sin ayuda de nadie más.

Pasan los años y Angustias comienza a convertirse en una mujer adulta.  Lo que más destaca de ella durante esta época es su repulsión por el sexo masculino, sentimiento que experimenta en las praderas, mientras cuida a un grupo de cabras, donde se da cuenta de sus “festejos eróticos”. La muerte de su pequeña cabrita amarilla en el parto nos remite al fallecimiento de la madre de la protagonista, olvidada por su esposo. Este hecho de la naturaleza genera en ella un “odio hacia los machos, al extremo de perseguirlos y no tranquilizarse hasta clavar en sus carnes gruesas espinas o golpearlos rudamente con filudos guijarros”, (p.18). Aunque el autor no especifica el porqué de este comportamiento, podemos suponer que una de las razones por las que Angustias odia a los hombres se debe al abandono de su padre. Entre Angustias y su padre no parece haber una relación muy cercana. Ella divide su tiempo entre el cuidado de la casa y el de su padre, quien más que su progenitor parece ser un hijo al cuidado de la muchacha; no obstante Antón respeta las decisiones personales de su hija. El viejo Farrera rompe con los esquemas de un padre tradicionalista. Esto puede verse en el episodio donde Eutimio Reyes, un campesino que fue amigo de Antón, se presenta en la choza de la familia, con la intención de pedir la mano de Angustias para su hijo Rito. Angustias está decidida a no casarse, y expresa esta idea a su padre sin titubeos. Antón respeta la decisión de su hija, algo que, por lo general, no se acostumbraba en aquella época, ya que en las comunidades rurales los matrimonios se hacían por un acuerdo entre los progenitores.

La negación de la joven hace que el pueblo entero la considere como “manflora”, sinónimo de lesbiana. Las mujeres desean apedrearla, pues consideran reprobable su rechazo hacia la propuesta de matrimonio. Angustias corre a pedir auxilio a Crescencia, quien por medio de una limpia quita todo lo malo que hay en la muchacha, “-Lo negro borra lo blanco… Luchamos ahoy contra lo divino que es blanco, como negras son las profundidades…” (p.36). La curandera le advierte a la joven que “le falta algo para ser hembra completa”, en este caso se refiere a la presencia masculina en su vida, y al despertar sexual que ha permanecido dormido en Angustias por el miedo a ser dominada por los hombres. De esta forma se puede ver que una mujer que permanecía soltera no era bien vista por la sociedad. Los ideales de la mujer, principalmente de aquellas que se habían criado en el campo, eran actividades relacionadas con el matrimonio, como el cuidado del esposo, la casa y la crianza de los hijos; lo único a lo cual podían aspirar. Angustias, en principio, es un personaje transgresor, pues se opone a la tradición patriarcal al tomar sus propias decisiones en lo que respecta a su vida.

La vida tranquila y monótona de la mulata cambia radicalmente con el asesinato, en defensa propia, de Laureano, quien una noche trata de violarla. Es este hecho el que transforma a Angustias en otra persona, y la lleva a iniciar un viaje que la conducirá a enfrentar varias pruebas. Al no verse correspondido sentimentalmente por la muchacha, Laureano decide tomarla por la fuerza, “Porque tú, Angustias, tienes que ser mía; te me antojas por machota y despreciadora…”. Ella le entierra un cuchillo a su agresor y huye del pueblo. De acuerdo con especialistas como Juan Antonio Rosado en Ritual de balazos. Iniciación y aprendizaje en la novela de la Revolución Mexicana (1932-1951), La negra Angustias se clasificaría dentro de la novela de formación o Bildungsroman, en la cual hay un desarrollo interior del protagonista, el cual se inicia en la etapa de la adolescencia y culmina en la madurez de la edad adulta. Las características principales que definen a dicha clasificación literaria son tres:

  1. El personaje principal sufre una separación o abandono de su lugar de origen. Dicho personaje es por lo general joven e inexperto, en etapa adolescente. En muchos casos se asocia dicho protagonista con una nación que al igual que el personaje, experimenta una serie de problemas y confusiones.
  2. En el viaje que realiza sufre varias pruebas dolorosas que lo conducen por un ritual de iniciación, el cual lo transformará interiormente.
  3. El protagonista volverá a su lugar de origen, tendrá una integración a su antigua vida, pero con otra mentalidad.

En el caso de Angustias, el asesinato de Laureano es el detonador que la obliga a dejar su lugar de origen. Recordemos que en este momento, Angustias es una mujer muy joven e inexperta. Por otro lado, la limpia que Crescencia hace para purificar el alma de la muchacha, también puede verse como un ritual de iniciación que le permitirá a la joven explorar más a fondo su identidad.

En la travesía se encuentra con un grupo de hombres, quienes luego de reparar en la belleza de la joven y de pelear por quién tendría el derecho a poseerla, deciden llevarla ante su jefe. El cabecilla de la banda, conocido con el sobrenombre de Efrén el Picado, pronto decide hacerla una de sus “queridas”, no obstante uno de sus hombres, conocido como el Güitlacoche, ayuda a escapar a Angustias de aquel lugar, ya que le confiesa sus verdaderos sentimientos hacia ella, empero la joven se muestra indiferente ante tal declaración.  Poco después huyen hacia un pueblo llamado Real de ánimas, lugar donde el padre de Angustias consagró su fama como un bandolero que robaba a los ricos para ayudar a los pobres.

Angustias, al escuchar una conversación entre dos hombres sobre la revolución y las hazañas del general Emiliano Zapata, en el mesón donde ella y su acompañante se habían instalado, les declara que es la hija del Gran Antón Farrera. El carácter heroico, heredado de su padre,  así como su personalidad fuerte y masculina despiertan al escuchar los sueños de libertad que los más necesitados ven en la revolución; de manera que les propone a los que se encuentran presentes luchar por la justicia para dejarles un mejor país a los niños, “Hay que quitarles a los ricos todo lo que se han robado y devolverlo al pueblo hambriento y encuerado. ¡Que viva Zapata!”, (p.79).  La revolución también significa para Angustias un ritual de iniciación, pues es durante este proceso que se convierte en una mujer distinta a la que se nos describe al inicio de la obra, de esa niña obediente y trabajadora, preocupada por el cuidado de su padre. Durante este ritual, hay una toma de conciencia por parte de Angustias, de dejar de ser una joven frágil para aparentar la fortaleza de su sexualidad escondida bajo un comportamiento masculino.

Cabe señalar que dentro de la Novela de la Revolución, aunque se incluye a la figura femenina bajo el papel de la soldadera o la famosa “Adelita”, la imagen de ésta es subyugada por la del hombre. Más bien la mujer “aparece como un ser sin nombre ni rostro, anónimo y secundario aunque siempre presente: la compañera siempre inseparable del soldado con quien comparte su destino, un ‘artefacto masculino’ que se toma y abandona cuando ya no es útil ni necesario”, (Montes de Oca, Un poco más sobre la Revolución Mexicana de 1910, narrada a través de las novelas, p.61).  La negra Angustias resulta ser una excepción de los personajes femeninos de las novelas sobre la revolución, ya que ella, en un inicio se une a la lucha no por seguir a su compañero sentimental, sino por defender la causa, y en especial por proteger a las mujeres que han sido sobajadas por los machos abusivos: “El que me siga tendrá manos libres; por eso todos los que jalen sabrán pronto los beneficios de la revolución” (p.79). Recordemos que la política era un asunto enteramente masculino, no obstante, durante la revolución existieron figuras femeninas que dejaron sus habituales costumbres del hogar para involucrarse en la “bola”. Muchas de ellas no tenían una visión clara de lo que dicho movimiento representaba. La mayor parte creía que dicha situación serviría también para pagar viejas cuentas pendientes con los enemigos. Otros aprovechaban la situación para robar y enriquecerse a costa de los demás, buscando con ello el propio beneficio.  En el caso de las soldaderas, sabemos que existieron muchas mujeres que lucharon por los ideales de justicia e igualdad, sin embargo el machismo que ha imperado en gran parte de nuestra historia, ha tratado de no prestar atención a estas heroínas, quienes, en la mayoría de los casos, han permanecido en el anonimato.

Para retomar el tema hablaré del pasaje que nos presenta a la joven convertida en la coronela Angustias, colgándose de la fama de su padre para crearse una nueva identidad; la de una de mujer fuerte que castiga a todo aquel macho que quiera sobrepasarse con las mujeres, como en el caso de Efrén el Picado, a quien, en venganza por haberla humillado, a ella y a otras más, termina por castrarlo. De nueva cuenta el odio hacia los hombres reaparece en este episodio, a partir del cual Angustias cambia sus ropas femeninas por una vestimenta de charro. Su resentimiento hacia los hombres se ve en la masculinidad de su comportamiento, inclusive en un pasaje refiere que ella no necesita de machos que la cuiden, ni mucho menos de santos de dicho género, por ello encarga al Güitlacoche, su fiel y enamorado sirviente, una imagen que represente el poder femenino, como lo es la figura de la Virgen de Guadalupe, que también puede ser vista como un símbolo de nacionalismo. La virgen por tanto representa a un pueblo mestizo que ha sido dividido en dos clases sociales. La lucha ya no es contra el gachupín; ahora el conflicto es entre un mismo pueblo para lograr la igualdad entre ricos y pobres.

En otro fragmento se presenta a una mujer clamando misericordia por la vida de su novio, a quien Angustias planea fusilarlo por ser el administrador de la hacienda de un alto terrateniente. La coronela, al ver la actitud mansa y humillante de la joven, se enfada, y el episodio le recuerda a la suerte de su cabra amarilla. Finalmente Angustias perdona la vida del muchacho, no sin antes propinar algunos latigazos a la mujer, con el objetivo de limpiar su alma pecadora, “Usté, inmunda, que llama amor a su brama y que para calmarla sigue al macho con el celo de una verraca, tiene que llevar el castigo que merece”, (p.111). El autor le dará una vuelta irónica a la historia cuando más adelante Angustias termine siendo una mujer abnegada por un hombre, convirtiéndose en una hembra que busca y sigue a su macho.

A pesar de la imagen fuerte y masculina de Angustias, ésta se troca por una contraria: una débil y abnegada. Esto comienza cuando la coronela, ansiosa de aprender a leer para saber lo que decían las propagandas pegadas en los postes por parte del gobierno, contrata a un profesor educado en la ciudad, con una psicología opuesta a la de la joven. Manuel De la Reguera y Pérez Cacho es el designado para tal puesto, y el autor lo describe como un personaje afeminado, que se encuentra pegado a las faldas de su madre.

El enamoramiento de Angustias hacia el profesor afeminado la conducirá a una metamorfosis psicológica. Los roles se invertirán al final de la trama, y Angustias de ser una mujer de carácter enérgico y fuerte, terminará mansa y fiel hacia el amor de Manolo. El profesor por su parte despreciará a la joven por su condición racial, y su carácter delicado se trastocará en uno agresivo, de auténtico macho.

La novela termina como inicia: Angustias lavando y cantando en una actitud pasiva y sumisa. La única diferencia será que al inicio Angustias canta ante los deberes diarios en su natal Morelos; en la escena final se ha convertido en la mujer de la “casa chica” de Manuel. La última imagen nos presenta a una mujer lavando y cantando, viviendo en la ciudad en un barrio pobre, donde al fin se le ve feliz y completa sexualmente, al cuidado de su pequeño hijo. Manuel vive a costa de la mulata, pues recibe una pensión que el Gobierno ha otorgado a su mujer por su lucha en el conflicto armado. Angustias, a pesar de haber sido coronela, nunca asciende socialmente. Inclusive pareciera que el aprender a leer y a escribir sólo la conduce a la decadencia de su persona. Si bien, es cierto que la joven regresa a su pueblo natal, su amor por Manolo la obliga a seguirlo, por lo que Angustias sufrirá un cambio negativo en su identidad, el cual la tornará en una mujer abnegada y obediente.

A los lectores nos resulta ilógico que el autor nos exponga este cambio tan poco creíble de la mujer que antes se había mostrado como nuestra heroína. La mayor ironía de la novela consiste en presentar a una mujer convertida de la noche a la mañana en coronela, para después volverse una mujer dócil y sometida a la figura varonil. Al parecer a Rojas González este tipo de contrastes parecían gustarle por el hecho de que nos muestran una imagen viva de la realidad social de aquella época.  Es lógico que el autor haya decidido dicho destino para su personaje, ya que de haberla dejado fuerte y masculina hasta el final, la novela hubiera sido ignorada por la crítica machista, lo que no sucedió cuando los lectores vieron que la obra terminaba con la idea de que toda mujer rebelde necesita de un hombre para que la controle. La ironía se encuentra también de manera intrínseca en la novela: un pueblo que por mucho que se levante en armas, siempre necesitará de una figura fuerte que lo controle, pues él, al igual que lo que se pensaba de la mujer, no es capaz de conducirse ni de tomar sus propias decisiones.

Los contrastes que se presentan en la novela también pueden verse entre el pueblo iletrado y la intelectualidad científica. Ésta última estaba conformada por un grupo de intelectuales cercanos al grupo político de Porfirio Díaz.  Los Científicos, como se les conocía, pregonaban las teorías positivistas de Augusto Comte sobre las ciencias y el método científico, aplicándolas en la administración del Estado y en la estructuración de la educación. Un claro ejemplo de esta oligarquía pedante la representa en La negra Angustias la figura de Pérez Gómez, un intelectual que llega a los territorios ocupados por la coronela Angustias y sus hombres. El joven trata de impresionar a los hombres incultos con sus menciones a autores como Voltaire, Rousseau, Comte y Marx, en un lenguaje poco comprensible hasta para él mismo. En este caso Rojas González hace una crítica a la figura del intelectual que vende su ideología y sus convicciones en favor de su propio beneficio. Pérez González, después de haber sido un intelectual con ideas revolucionarias, que soñaba con derrocar al gobierno corrupto, termina, al final de la obra, teniendo un puesto burocrático dentro de dicha institución.

Como podemos ver la novela está llena de contrastes entre rebeldía femenina vs tradición patriarcal e ignorancia vs conocimiento. Es en el personaje de Angustias donde se pueden ver más marcadas dichas oposiciones, que de alguna manera nos podrían decir que para Rojas González la participación de la mujer en la Revolución Mexicana siempre se vio opacada por la presencia del hombre, y que dichos conflictos eran más bien asuntos masculinos. Otros tipos de contrastes que se manejan en la obra son los de modernidad, vista desde las grandes urbes vs la ignorancia que reinaba en los pueblos, y la conquista entre opuestos: lo blanco sobre lo negro; la raza blanca de Manolo dominando a la casta oscura de Angustias. Quizá el mensaje intrínseco del autor tenga que ver con la idea de un “blanqueamiento racial” para acercarse más a los ideales de la modernidad europea, en donde la presencia indígena era vista como bárbara y obstaculizaba el progreso social.

Para finalizar basta decir que La negra Angustias es una novela de formación en donde el personaje sufre una serie de metamorfosis que la llevan a encontrar su verdadera vocación: la de una mujer tradicional. Por desgracia, dicha obra ha sido poco analizada, esto quizá se deba a que todavía en nuestra época resulta difícil para algunos aceptar que la mujer tuvo un papel importante en la Revolución Mexicana, y que gracias a este movimiento, pudo ir tomando presencia en asuntos que antes le estaban totalmente negados. Valdría la pena revisar más a fondo la figura de la mujer revolucionaria, porque estas mujeres dieron un primer paso para que hoy en día muchas de nosotras gocemos de derechos, y tengamos la oportunidad de opinar en cuanto a nuestro país se refiere. Hoy en día la política y la guerra han dejado de ser actividades exclusivas de los hombres

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