La última y nos vamos…

Antes del poema, doy las gracias a todos los que leyeron las publicaciones de este poeta, a los que se encargaron de hacer pública mi obra: al editor, Pablo Valle; a la jefa editorial del área de creadores, Cielo de la Cruz; a Esteban G. Alejandro, a Atzín Nieto, a Rocío Rosete, a Diana Aranda Mendoza; y a los que se me hayan escapado, un disculpa y también las gracias. Gracias porque durante este tiempo me permitieron crecer como poeta. Gracias y nos vemos pronto, ya que tal vez en algún momento comparta mi trabajo en otro proyecto, o tal vez no. Ahora sí, el poema.

Delicadas curvas, melódicas como la música
ígneos rayos de la noche,
que con la postrera aurora claman mi alma.
Tu amo de las sombras, arrastras en aquel saco
el bulto pesado de la soledad, racimo dolorido
cimiento caótico de la obliteration.
Lilith diosa caída, demonio que asciende
diva a bordo de aquel lujoso coche,
reina del trono pecaminoso al que abdica
la mujer entorpecida, dama del tour of fashion
devoradora del hombre que no tiene calma.
Labios ponzoñosos, luz que al neonato
con fuego fatuo tocas sin algún sentido
ruido que tachente
penetra de bouche-à-oreille.
Your mouth, algodón y rosas,
seus olhos, sono come l’erva verde si agitava l vento
je vis a péché, io non sarò perdonato per il tempo.
Mas la parca sombra sabrá cagar mi corpus.
Non tempus fugit, mei anima est in mortem.

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