Las desbordadas

De entre los recuerdos nacen las salobres pizcas.
Las desbordadas de los ojos refractados,
de los prismáticos gemelos saturados,
donde brotan memorias trocadas en partículas.

Las cálidas gotas a los afectos adheridas,
ascienden suave tras una breve somnolencia
y en el aire se combinan sigilosas
elevando el vuelo, quedando repartidas.

Allá, lejos, entre la saturada neblina,
entre el plomizo gris de un cirro
entre los poros huecos del sotavento
ante un cúmulo sombrío, se vuelven frías.

Nube, ¿qué te abruma?
¡déjalas! no son tuyas.
Te formaron a pedazos
con la combustión y el calor en la tierra,
con el eco de una deshidratada conciencia.

Cada migaja entrecruzada de agua
amenaza con su descenso a un suicidio
al crimen de la turbación de algo vivido,
y variando al cuerpo tras un choque recio
durante la trayectoria mientras puedan,
duplicadas ellas juegan.

¡Redoblantes notas, hermosas gotas!
Anzuelo fijo a los sentidos,
aroma del frío líquido
tránsito de la prosa húmeda
sonido en clave tu armadura,
reflejo en bruces de un espejo
cuantioso trago de tu aliento.

Se permutan de reservadas taciturnas,
en conversión desde un llanto en silencio
y con las leyes que las llevan hasta el cielo
precipitan escandalosas, a su nueva figura.

Cambió el efecto de una nota salina
lágrima de una sacudida,
restaurada gota,
que la lluvia deja limpia.

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