“Soñar con los ojos abiertos”. Sueño y realidad en La almohada de Vivian Mansour Manzur

Hace algunas semanas,realizamos una entrevista a la gran ilustradora Martha Avilés. Allí se habló sobre la importancia de la imagen en los libros para niños y el fenómeno de la literatura infantil y juvenil en la actualidad. A partir de esas reflexiones (que se pueden consultar en este link ) surge este ensayo que busca comprender mejor el auge de los libros para niños en el México de hoy y, sobre todo, la disputa entre fantasía y realidad en la infancia. Todo lo anterior tomando como base la novela infantil La almohada de Vivian Mansour Manzur (Ilustraciones de Alfredo Aguirre, Ediciones Castillo, 2001).

Fantasía y realidad, dos conceptos difíciles de definir, ¿qué es lo real?, ¿qué es la fantasía? Se puede apelar al carácter objetivo de lo real y al carácter subjetivo de la fantasía; sin embargo, el límite ¿es tan claro? En mi opinión, la división no es precisa, ni transparente. Elementos de la visión personal del mundo se sitúan en lo real y elementos de la visión pública del mundo se sitúan en la fantasía. ¿Qué tanto de lo que soñamos se refleja en nuestro día a día?, ¿qué tanto de lo que vivimos a diario se parece a nuestros sueños? Ambas entidades están mezcladas.

El anterior cuestionamiento se expresa en la novela infantil La almohada de Vivian Mansour Manzur. La premisa es la siguiente: un chico, a quien apodan “El cobijas” por su obsesión de dormir, tiene una almohada mágica que le permite soñar cualquier cosa. Pero, un día su vecina Leticia se la roba y el caos comienza. Esta es la historia que se cuenta en La almohada. Dos aspectos centrales me interesaron en la lectura, el primero, su escritura confesional y, el segundo, la lucha entre realidad y fantasía.

El sentido confesional de la novela se expresa en su escritura a manera de diario. El personaje principal “El cobijas” nos cuenta su historia a partir de los sueños que tiene todos los días. De allí que podamos dividir la novela en dos partes. La primera corresponde a los sueños antes del robo y la segunda a los sueños después del robo. En la primera parte, “El cobijas” nos narra los sueños que le pide a su almohada mágica. Cada uno tiene la temática que él desea. Esto se logra a través de una rima que le permite soñar lo que quiere: “Almohada, almohadón, con el mar quiero soñar yo” (p. 7), “Almohada, almohadón, con que me curo quiero soñar yo” (p. 15). La fantasía está en sus manos, el maneja su mundo de los sueños.

La segunda parte comienza cuando al “cobijas” le roban su almohada. Este hecho le impide la posibilidad de soñar lo que desea porque sus sueños ya no están en sus manos. Pierde la libertad de soñar lo que quiere y las pesadillas hacen su aparición. Hay que destacar que estos malos sueños también pertenecen a la fantasía, así que la realidad no opera allí.

Buenos o malos, todos los sueños del “cobijas” son narrados por el mismo. En ellos da cuenta de sus preocupaciones, deseos y del escape que disfruta al dormir. Cuando algo lo perturba, a través del sueño crea una realidad alterna donde él tiene el mando, así puede alejarse de situaciones incómodas como la gripe y el hambre, y también, crear situaciones sólo por el gusto de vivirlas como nadar en el mar, investigar un crimen o ser un pirata.

Sin embargo, en las pesadillas la realidad alterna se vuelve ambigua y confusa, en ellas podemos observar los temores y, al mismo tiempo, deseos más profundos del “cobijas”. Entre los temores se encuentran el miedo de ir al hospital, el de reprobar un examen, el de ir al infierno; no obstante, entre estos temores se encuentra el amor, el cual es una preocupación, pero también es un deseo. La curiosidad de jugar al amor se liga con el proceso de madurez que experimenta el protagonista.

Es en este proceso donde se puede mirar claramente la disputa entre realidad y fantasía. El mundo de los sueños domina la mayor parte de la novela. Casi todo lo que ocurre en ella es un sueño del “cobijas”; mas, hay momentos en los cuales se pone en cuestionamiento la validez de utilizarlo como un escape de lo real. Veamos la siguiente cita:

─Oye, Nico, ¿tú sueñas?

─Mucho. Casi todos los días, pero a mí me gusta soñar despierto.

─ ¿Cómo es eso?

─Imagino cosas. Por ejemplo, que de grande voy a ser rico y no tendré que pedirles domingo a mis papás. Como voy a convertirme en millonario, podré comprarme un avión y conoceré a todos los equipos de béisbol del mundo, para que sus estrellas me autografíen bates y pelotas. Después las venderé y me volveré rico otra vez. (pp. 59-60)

Aquí podemos ver como los sueños deben tener un carácter productivo (en este caso, producción económica), no ser utilizados como fuga, sino como objetivos. Se tiene que hacer del sueño un punto de partida hacia la realidad. Tratar al sueño de esta manera es interesante porque deja en claro que existe un espacio de comunicación entre lo fantástico y lo real, el sueño es un puente que conecta a ambos y que así se pueden complementar. No existe un sólo espacio para el sueño, ni tampoco un sólo espacio para la vigilia, son mundos compartidos.

También vale la pena destacar la toma de acción a partir del sueño. Soñar para llevar a la práctica, soñar para construir. Sobre esto, la frase con la que cierra el libro es relevante. “Quizá había llegado el momento de empezar a soñar con los ojos abiertos” (p. 83).  El proceso de maduración conlleva la capacidad de actuar no sólo sobre el espacio fantástico, sino también sobre el espacio real.

La almohada de Vivian Mansour Manzur nos deja con la reflexión sobre la dinámica de soñar y despertar, cómo escribiría Cortázar. “sean realistas, pidan lo imposible”, la posibilidad de soñar para vivir y no sólo vivir para soñar. Todo lo anterior enmarcado en una novela para niños, como podemos ver, la literatura infantil no es un asunto ligero.

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