Tu mirada penetrante perfora mi pecho

Tu mirada penetrante perfora mi pecho;
coraza de carne putrefacta
y hueso petrificado y hediondo.
Tu mirada entra en mis entrañas
como ser que calcina los lugares
llenos de nostalgia, de recuerdos,
recuerdos de un amor añejo,

cansado, desgastado e infértil,
por eso lo he decidido, me alejo
de las personas, de ti, de mí
de las malas influencias,
de los amores que son vendavales,
ventarrones que se cuelan por las ventanas,
las puertas, el techo,
los pasillos y demás partes de esta
casona vieja que es mi cuerpo.
Y llegas tú; con tu pelo tejido por el mismo Hades,
que tomo de su plutónica bóveda un par de hilos.
Tu rostro esculpido en alabastro,
las manos si no son de paquidérmico
elemento, fruto de la ostra bien tallado debe ser,
pomos suaves y maduros
en mejillas se hallan como en casa.
Felinas obsidianas son tus ojos.
Si rubíes no son, pétalos delicados de rosa
han de ser los que protegen aquella juguetona ostra
que ansío saborear de noche,
todas las noches de mis vidas.

Mujer, explícame porque no entiendo
si te amo ¿Por qué no te lo digo?
Si me miras ¿Por qué trato de no mirarte?
Cuando sé que tu mirar busca el mío.
Si como todo lo que haces es porque en cada bocado están
tus labios, tus manos, tu amor.

Oh cupido, desgraciado, contaminas
el mundo con eso que llaman amor,
y contaminas mi ser con una dosis
mortífera de aquella cruel sustancia
pues te gusta ver como muero
mientras amo,
porque estar amando para mí
es como ser envenenado y no tener cura.
Y ella, si tú, aunque te amo
no lo sabrás, ni yo diré
que el veneno tenia cura en tus labios.

Deja un comentario

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *