Versos y acordes: una charla con Juan Vadillo

Es una bella tarde de sábado en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo. El sol acaricia con sus rayos cobrizos las hojas de los árboles, y la primavera se hace notar en la calidez del ambiente. Nuestra cita con Juan Vadillo será en pocos minutos. Por fortuna hemos llegado temprano al encuentro. Lo vemos cruzar la calle y es tal como lo recordamos: con su aspecto bohemio y despreocupado. Nos saluda con gran cortesía y lo invitamos a charlar acerca de su obra, el flamenco y la poesía en la cafetería del segundo piso del inmueble. Elegimos una mesa del fondo para comenzar con nuestra entrevista. Mientras verificamos que el equipo de sonido esté en buenas condiciones, ordenamos las bebidas que acompañarán nuestra conversación.

Juan Vadillo Comesaña es una de las nuevas figuras de la poesía mexicana. Nació en la Ciudad de México en 1970. Es un apasionado de la música, en especial del flamenco, corriente musical que se ve reflejada en la mayor parte de sus trabajos de investigación. En la década de los ochentas formó parte de una importante agrupación musical que se dio a conocer en Espacio 59, una estación de radio que se caracterizaba por transmitir los mejores éxitos del Rock en tu idioma, de toda una generación que vivió de cerca la devaluación del peso, el terremoto de 1985 y el famoso gol del siglo.

Vadillo realizó estudios de improvisación contemporánea en el New England Conservatory, además de especializarse en el arte de la guitarra flamenca durante su estancia en España. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, donde obtuvo la medalla Gabino Barreda por su excelente desempeño académico. Consiguió sus grados de maestría y doctorado en literatura española con sus tesis enfocadas en los temas de la poesía y el flamenco. Ha sido profesor de la asignatura de Música y poesía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Entre sus múltiples colaboraciones en revistas y antologías literarias se destaca su ensayo poético “Alban Berg, concierto para violín”, su cuento “Memorias del porvenir”, el cual, por cierto, apareció en el libro Tentación de decir: Antología de cuento y poesía, editado por la UNAM. El pasado miércoles 13 de abril dio a conocer su nuevo libro, El paisaje es un verso de olvido, en la Casa del poeta, presentación que estuvo acompañada por el ritmo de su guitarra y la lectura en voz alta de algunos pasajes de dicha obra.

Vadillo nos ofreció una entrevista exclusiva y amena, donde exploramos el lado más sensible y artístico del poeta; de un hombre preocupado por la falta de interés que la poesía ha tenido en nuestro país.

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Callejero: ¿Cómo fue tu primer acercamiento hacia la poesía?

Vadillo: Empecé a escribir desde muy niño. Mi mamá es María Ángeles Comesaña; ella es poeta. A la edad de 3 o 4 años, aproximadamente, me leía poemas de Neruda y de Paz. Desde que aprendí a escribir, escribí poemas. Me acuerdo muy bien que como a los 10 años, por casualidad, cayó en mis manos el libro Salamandra, de Octavio Paz, y entonces memoricé un poema: “Rápidas manos frías retiran una a una las vendas de la sombra. Abro los ojos todavía estoy vivo en el centro de una herida todavía fresca”. Este poema me ha acompañado toda la vida, siempre que me despierto pienso en él.

De adolescente escribí bastante poesía. Luego, en el Colegio Madrid, hice dos obras de teatro con unos diálogos bastante poéticos; uno de ellos se publicó. Después empecé a tocar la guitarra. En la década de los ochentas formé un grupo de rock pop llamado Pedro y las tortugas, yo era el cantante. A los 16 me dediqué a hacer letras de rock y dejé de escribir poesía. Cuando tenía 18 años me fui a vivir a España donde comencé a estudiar guitarra. En ese momento ya no escribía tanta poesía. Los poemas que hacía los escribía en servilletas para luego guardarlos.

C: ¿Te acuerdas de tu primer poema?

V: Sí me acuerdo. Debí tener aproximadamente 6 años cuando lo escribí, y decía: “Sí y no. Los sí dan la vida; los no dan la muerte. Mi madre también la da. Las flores, la naturaleza…”; más o menos iba así. En esa época que estuve en España me gustaba mucho ir a los campos sembrados junto al río; quedarme ahí por horas, mirando el horizonte, escribiendo cosas.

Es muy difícil en esta sociedad hacer algo fuera de lo estandarizado. Todo está estandarizado, todo se vende así; si quieres ser músico tienes que ser así, si quieres ser escritor tienes que ser así

C: ¿Cuál crees que sea la relación que existe entre música y poesía?

V: Buena pregunta. Mi tesis es que no hay ninguna diferencia, porque la palabra es música en todos los sentidos. La palabra tiene ritmo, las consonantes son como las percusiones y la melodía la llevan las vocales. Nosotros distinguimos entre canción y recitación por el rango, porque el rango de la recitación o de la palabra o del habla es más estrecho; eso no quiere decir que no tenga ritmo y no tenga melodía, sólo que es más estrecho. Por eso es tan interesante todo lo que está en la frontera entre música y palabra, como el hip-hop, el rap, y el mismo flamenco.

C: ¿De qué manera conjugas estas artes (la música y la poesía) en tu obra?

V: Creo que este poemario (El paisaje es un verso de olvido) está lleno de alusiones a la guitarra flamenca, al compás flamenco, a la música. Obviamente, lo más importante para mí, como decía Verlain, es la música. Lo que más me importa del verso es su sonoridad, su música. Creo que ahí está la verdad: si suena bien, ya es una imagen con sentido. Importa muchísimo la sonoridad. El libro está lleno de alusiones al mundo flamenco. En la presentación de este poemario toqué la guitarra en los poemas que iban relacionados, por ejemplo, hay un poema sobre una bailadora de flamenco, en el cual toqué un poco de rumba. Otro poema habla de las letras de guitarra de los burdeles, por ejemplo de los puertos andaluces, ahí toqué una bulería que es como la picaresca del flamenco. Ahora estoy volviendo a juntar dos partes de mi vida. Es muy difícil en esta sociedad hacer algo fuera de lo estandarizado. Todo está estandarizado, todo se vende así; si quieres ser músico tienes que ser así, si quieres ser escritor tienes que ser así. Ser músico y escritor es difícil, pero tampoco es que yo sea tan valiente como para serlo; fue la vida la que me fue llevando por esos caminos. Creo que ahora estoy conjugando ambas cosas.

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C: ¿Cuáles son tus influencias (tanto musicales como poéticas)?

V: Musicales, desde luego que amo el flamenco. Para mí la mejor música, sin duda, la única música que ahora mismo me hace sentir algo, es el flamenco. Yo creo que el más grande guitarrista, no sólo de flamenco, sino de todos, es Paco de Lucía. Me encanta Tomatito, Vicente Amigo, Gerardo Núñez, Raymundo Amador de Pata Negra, puros guitarristas. Lo que más me gusta es la guitarra flamenca. Ellos son mi máxima inspiración. De literatura, obviamente, Lorca en primer lugar. Para mí el Romancero gitano, musicalmente hablando, es el poemario que más sonoridad y resonancia tiene. Yo creo que con el Romancero gitano llegamos al techo de la música del verso.

C: ¿Por qué tu gusto hacia el flamenco?

V: Siempre me ha gustado escuchar a guitarristas flamencos desde que era chiquito, pero fue cuando me fui a vivir a España en el año 89-90, que conocí a un gran guitarrista, quien por cierto es mi amigo, se llama Jesús Pimentel. Un día fui a escucharlo a un bar, también fumé un poco de hachís [risas], y entonces realmente me llegó hasta el alma la guitarra. Fue en ese momento cuando me di cuenta que algo tenía yo que ver con eso. Luego viví en Madrid, y cerca de mi casa estaba el bar La soledad donde se reunían aficionados a tocar.

La guitarra para mí evoca el agua, es lo más erótico que hay. La expresión más erótica de la ausencia de la amada está en la guitarra

C: ¿Qué hay en el flamenco que no encuentras en otras corrientes musicales?

V: Primero, en cuanto a Occidente-Oriente, el flamenco tiene esa parte oriental-árabe y de la India que es la polimetría. Eso es muy interesante porque es un compás que tiene 12 pulsos con 5 acentos, entonces se va tocando desde diferentes puntos, por lo que es un compás mágico; tiene todo el misticismo. Además es sublime porque la gente que estaba en la mina, o la gente que estaba en las fraguas o en las galeras, llevaban el compás, por ello tiene ese poder como ningún otro de sublimar el dolor de las arduas horas de trabajo. También el canto nace en las minas, en las fraguas, por lo que rítmicamente la complejidad es sólo equiparable con la música de la India o la música árabe, que aquí en Occidente es muy difícil; sí hay obras polimétricas, pero no es lo habitual.

La guitarra para mí evoca el agua, es lo más erótico que hay. La expresión más erótica de la ausencia de la amada está en la guitarra. También es una guitarra con rasgueos fuertes y desgarradores que nos hablan del origen, de lo que es la pena andaluza que tiene que ver con lo que Nietzsche llama “dolor primordial” de haber sido arrancados de la madre naturaleza y venir a la civilización. La guitarra canta por eso, como dice Lorca, la guitarra llora por cosas lejanas, muy lejanas.

C: ¿De dónde nace tu gusto por la poesía española?

V: Mi mamá viene del Exilio Español. Ella nació en México, pero mis abuelos son exiliados. Hay un libro muy bonito sobre la historia de mis abuelos que se llama El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas. Mis abuelos y mi mamá conocieron a León Felipe. Él le pidió a mi mamá que recitara algunos de sus versos, porque ella lo hace muy bien. También conocían a Pedro Garfias. Mi mamá fue poeta desde muy joven, por lo que me leía cosas de poesía española

La primera vez que escuché música atonal fue con Arnold Schoenberg, lo oí cuando estaba en E.U. y la verdad es que había fumado algo de marihuana; fue como una experiencia alucinante, absolutamente alucinante. Lo que salía de esa bocina de la grabadora me transportó a otro mundo

C: En internet nos encontramos tu texto “Alban Berg, Concierto para violín”, ¿cómo fue para ti escribir esto en relación con la música atonal y qué sientes cuando escuchas este tipo de música?

V: La primera vez que escuché música atonal fue con Arnold Schoenberg, lo oí cuando estaba en E.U. y la verdad es que había fumado algo de marihuana; fue como una experiencia alucinante, absolutamente alucinante. Lo que salía de esa bocina de la grabadora me transportó a otro mundo.

¿Qué es la música atonal? La música atonal es como la evolución natural de la música tonal porque es una ruptura, pero para que existiera esa ruptura tuvo que haber todo un proceso de evolución de la armonía; desde los cantos gregorianos hasta principios del siglo XX. Entonces es una revolución, es una ruptura, pero al mismo tiempo viene de una tradición. Lo que te dice la música atonal es que ahí donde la razón pone el suelo, en un sentido racional, ahí se coloca la inestabilidad. Tú crees que estás de pie, el centro de gravedad es el acorde de la música tonal, ése es el centro de gravedad. Lo que te dice la música atonal es “aquí está el punto de llegada, el punto de partida, la referencia”. En el momento en el que se acaba esa referencia, y todas las 12 notas son una referencia igual cada una, te das cuenta de que el techo puede ser el suelo. Esa es la idea, la pared también puede ser el suelo; puedes caminar por la pared como en el video de Belinda [risas]. También es perder el referente, eso se da en la palabra y es equiparable a Huidobro, al mismo Emilio Prados o Trilce. En estos poemas se busca, bueno en toda la poesía, pero la idea es que se pierde el referente. ¿Cuál es el referente? El referente objetivo racional. Por ejemplo, esto es una cuchara, pues es una cuchara. La idea es que se pierda el referente de la cuchara, entonces ya no es una cuchara, sino millones de cosas más; es el sonido de la palabra, es el metal, son evocaciones. Igual lo que pasa en la música atonal es que se pierde el referente que es la tonalidad. Ahora tienes 12 referentes distintos, ésa es un poco la idea.

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C: También leímos un cuento tuyo, Memorias del porvenir, el cual, por cierto, se nos hizo bastante interesante ya que narras el hecho de encontrarte contigo mismo pero años después. ¿Qué nos puedes contar acerca de este ejercicio de escritura?

V: Me encantaría poder escribir más cuentos. La verdad es que no cuento con mucho tiempo disponible porque he tenido que hacer maestría, doctorado y ahora posdoctorado. Pero me gusta mucho escribir narrativa. Este cuento, la verdad es que me gustó mucho. En realidad la idea inicial es del cuento de Borges El otro, el cual leí hace mucho tiempo, en donde Borges se encuentra con él mismo en una banca, frente a un río, y entonces le dice: “no vayas a hacer esto”. Era un poco encontrarme conmigo mismo, pero todo en el futuro y en el presente al mismo tiempo; en un microbús donde veías por la ventana un futuro muy locochón, donde mirabas el típico camión con la cruz de plata, los asientos naranjas, etc. Pero todo en torno a Huberto Batis, porque él fue un gran maestro para mí, quizás el mejor. Mi cuento era también un homenaje a él, a su diario, a una universidad del futuro donde las cosas son completamente distintas, donde no existe la idea del sacrificio y del trabajo, que me parece espantosa; de sacrificarse para tener un lugar en la sociedad, de estudiar, aunque me contradigo porque yo estudio muchísimo, pero lo hago porque no me queda otra alternativa. En realidad me gusta estudiar, pero la idea era algo diferente, algo que tuviera más que ver con el placer, más bien una universidad que parecía báquica, como un ritual dionisiaco en donde todo el mundo bebía, fumaba, comía, hablaba de poesía, etc. Entonces era un poco esa idea de un futuro así.

C: ¿Cuál crees que es el papel que está tomando la poesía actualmente en nuestro país?

V: La verdad me gustaría muchísimo que se leyera más poesía, pero es muy difícil, no sé por qué. Es un misterio el porqué la gente prefiere la imagen antes que la sonoridad y la imaginación evocativa de las palabras, pero parece ser que es así. La gente escoge ver la tele, oír música o leer una novela antes que leer poesía. Comparado con otros países, creo que en México hay cierta élite que lee poesía. Sí hay festivales y concursos, pero en realidad lo óptimo sería que realmente se leyera más poesía, porque lo que sí es un hecho es que a nivel mundial lo que menos se lee, ya no sólo en México, es poesía.

El pueblo de varios siglos atrás apreciaba mucho más la poesía que ahora y no necesitaba de una gran escenografía ni nada. El pueblo iba ahí a escuchar los versos, y los versos estaban también en las calles, en los cafés, en los bares, en los garitos y en todas partes […] El pueblo del Siglo de oro adoraba la poesía; era más culto que la clase media actual

C: ¿Crees que esto se deba a la complejidad que muchos creen es un rasgo característico de la poesía?

V: No sé si a la complejidad, porque hay poemas sencillos. No sé, es un misterio. Me lo pregunto varias veces. Quizá sea más difícil desentrañar las imágenes; hemos perdido la costumbre que en el Siglo de oro se tenía con respecto a la poesía, por ejemplo, los corrales, con las obras de Lope que son poemas. El pueblo de varios siglos atrás apreciaba mucho más la poesía que ahora y no necesitaba de una gran escenografía ni nada. El pueblo iba ahí a escuchar los versos, y los versos estaban también en las calles, en los cafés, en los bares, en los garitos y en todas partes. En Andalucía se ha perdido también un poco, pero es sorprendente cómo todavía la gente te dice un refrán en la calle, un poema, una copla. Cada vez se va perdiendo más conforme el mundo se vuelve más estándar, más globalizado. Cada vez hay menos espacio y se valora menos. Por ejemplo lo que se valora es el discurso del poder, lo que triunfa, no lo que está en las calles que es vitalidad pura. El pueblo del Siglo de oro adoraba la poesía; era más culto que la clase media actual. También en Veracruz tenemos muchísimas coplas y tradición vital en la calle, pero por desgracia cada vez se pierde más, y la gente apuesta por la televisión de plasma que por una vitalidad poética.

C: Además de la publicación de tu nuevo libro, ¿qué otros proyectos tienes en mente?

V: En el Colegio México estoy preparando un libro que es sobre García Lorca y Emilio Prados, un poco cómo Lorca y Prados transforman lo que es la simbología tradicional, la cual es maravillosa y es toda una tradición. Este tema ha sido estudiado muy bien por Mariana Masera, y además me enfoco en la idea de cómo se da esta transformación en la vanguardia sin que deje de ser tradicional, sin que tenga ese antecedente, más o menos.

C: ¿Entonces ya no escribirás más cuentos?

V: Me encantaría. Si tuviera tiempo escribiría cuentos, pero es que no me da tiempo la vida, es muchísimo. En el Colegio tengo que trabajar durísimo, entonces es difícil.

Con esta pregunta concluimos nuestra entrevista con el poeta, a quien agradecemos profundamente el que nos haya permitido conocer un poco más acerca de su vida y su obra en una charla tan interesante, que nos revela que la poesía y la música son dos artes complementarias, las cuales tienen el poder de transformar la realidad del mundo en el que vivimos.

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