La memoria del olvido

Sabés
dijiste
nunca
nunca fui tan feliz como esta noche.
Nunca. Y me lo dijiste
en el mismo momento
en que yo decidía no decirte
sabés
seguramente me engaño
pero creo
pero esta me parece
la noche más hermosa de mi vida
Sabés
La receta, Idea Vilariño

Hace algunos años salió en el mercado alemán un producto novedoso: pastillas para olvidar malos recuerdos de forma eficaz y de manera definitiva. La información en la cajita blanca con letras negras solo decía lo siguiente: Continúa leyendo La memoria del olvido

Mercy

¿Por qué? Si has estado jugando conmigo,

si no me quieres, no hay contestación.

Si me quisieras, sobraría la respuesta.

El Halcón Maltes

Dashiell Hammett

¿Que por qué la mate? ¡Vaya!, habrá que ser ingenuo. No sé si estaba realmente enamorado o no, tampoco si tuve un ataque de celos como todos creen. Solo hice lo que debía hacer. Continúa leyendo Mercy

Epístola

Para M:

Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.
-Vicente Huidobro.

Lo primero que pensé cuando te vi, fue en llevarte a la cama, lo segundo algo bastante obvio, el querer hacerte mía con furia, pasión, deseo y hasta con lujuria; tal vez debido al prolongado tiempo sin acción con alguna chica, pero lo tercero que imaginé, fue en que sería terrible terminar en un instante, sobre todo de mala educación y peor en nuestra primera vez. Será importante dejarte una buena impresión o de menos una breve sonrisa de satisfacción. Ahora desearía que pasáramos de un lugar común a algo más íntimo, más nuestro, para estar solos en un cuarto de cuatro por cuatro y ser dos, sin la necesidad de multiplicarnos. Siguiendo con el conteo quiero llegar a un quinto acontecimiento, en el cual sin duda estaré un poco agotado después de poseerte a ti, amazónica mujer, tu fuego y ganas resultaran doblemente terribles. Uno va por la calle siempre observando a las mujeres como depravado sexual, desvistiéndolas e imaginando que haría con semejante ejemplar bajo su dominio, pero no piensa en la cantidad de variables, donde esa mujer te puede hacer pedazos literalmente u oralmente, en todo caso, con sus artimañas, sus posiciones, hasta con una simple diminuta caricia bien dada puede hacerte perder la concentración y terminar llenando el preservativo con restos de amor. Continúa leyendo Epístola

¿Aceptas?

Hamm- No puedo abandonarte.

Clov- Lo sé. Y no puedes seguirme.

–Samuel Beckett, Fin de partida .

Hoy, por fin, es domingo y no debe de tardar en llegar Paula. Apenas van a dar las cinco de la tarde. A veces me pregunto cómo pasa el tiempo, aunque, últimamente, me exaspera eso de deshojar las horas. Ella se fue a una fiesta desde el viernes y no me ha llamado durante este fin de semana, lo que, por una parte, me tiene bastante tranquilo. A pesar de encontrarme tan lejos de ella, la recuerdo despacito y sin ayuda, esperando que razón y corazón hagan las paces, aunque en estos casos no sea la mejor opción. Continúa leyendo ¿Aceptas?

Pedro

Por ti no muevo ni un dedo.
Franz Kafka, Carta al padre.

Hace tres días que papá murió de un paro cardiaco y no por cáncer pulmonar. En su velorio conocí a sus amores, a sus novias, a sus amantes, a las mujeres con las que engañó a mamá una y mil veces, mintiendo, con excusas de lo más irrisorias. Mi madre, como buena esposa del siglo pasado decía que: ojos que no ven corazón que no siente, por eso trataba de hacer oídos sordos a los comentarios de las vecinas que parloteaban sobre la doble vida de Pedro. Continúa leyendo Pedro