La magia de un tubo

El tubo de labios es cosa íntima, no se presta y
hace pactos con nuestra piel (es una lencería facial),
con nuestro deseo de camuflarnos, cambiar, embellecer,
simular que tenemos una boca jugosa y palpitante
–Mónica Lavín

El ingenio y la vanidad han caminado siempre tomados de la mano en las creaciones humanas. Durante siglos los colores han ornamentado la piel; sobre todo, la boca de las mujeres. Pintar los labios puede parecer un placer efímero, pero en realidad, es un gusto que se retrata más allá de la piel; es guardar el poder de la elegancia en un diminuto tubo, el poder preservar la belleza en innumerables instantes que difícilmente un hombre no apreciaría. Continúa leyendo La magia de un tubo

El hombre al desnudo

En estos días los habitantes de la Ciudad de México estamos de suerte, pues tenemos la oportunidad de visitar varias exposiciones que valen la pena. El jueves se inauguró en el MUAC la exposición Desafío a la estabilidad, de la cuál pronto habrá una entrada, además, el domingo nuestro colaborador Chutemoc escribía sobre la exposición De Fábula. Obra reciente de Francisco Toledo, y hoy yo les hablaré de una exposición temporal que se presenta en el Museo Nacional de Arte y que lleva por título El hombre al desnudo. Dimensiones de la masculinidad a partir de 1800, la cual es realizada en colaboración con el Museo d’Orsay. Continúa leyendo El hombre al desnudo

Escenas de la vida bohemia

“Hoy, como en otro tiempo, todo aquel que desee cultivar las artes sin otro medio de existencia que el arte mismo, tendrá que pasar imprescindiblemente por los senderos de la Bohemia”.
Henry Murger, Escenas de la vida Bohemia

Los bohemios que se tratan en ese libro no tienen nada que ver con los bohemios que tratan diversos dramaturgos: bohemios que han sido confundidos con ladrones y malvivientes. Tampoco se trata de agiotistas, vendedores de cadenas, domadores de osos, ni otros “mil industriales misteriosos y vagos cuya principal industria consiste precisamente en no tener ninguna, hallándose siempre dispuestos a hacerlo todo, menos el bien” (Henry Murger, Escenas de la vida bohemia, p. 9). Murger logra relatar escenas de un grupo de artistas que viven el día a día, con la verosimilitud que sólo puede tener aquel que lo haya vivido, aquel que haya vivido hambre, frío, hastío, soledad y, a pesar de esto, logra encontrar la felicidad en un verso, en una pintura, en un par de notas musicales. Continúa leyendo Escenas de la vida bohemia

¿Y cómo me acerco a eso? Ideas sobre arte contemporáneo a propósito de Zona MACO

“Una de las cosas más difíciles en este mundo es inducir a la gente a pensar por sí sola en asuntos de arte”.
-The Sunday Sun
, enero 1916.

Desde hace ya bastante tiempo puedo decir que el arte es una de esos temas que me gusta y llama la atención. Sin embargo, es desde hace unos dos años que ha comenzado a apasionarme: he tratado de ir entendiendo mejor y gracias a las visitas a distintos museos, materias que tomo en la facultad sobre historia del arte y por mi cuenta he ido aprendiendo más. Hoy puedo decir que el estudio del arte es una especie de callejón, al que si uno entra jamás sale y uno siempre buscará saber más y más y nunca dejará de aprender. Con esto quiero decir que me he dado cuenta que no sé nada de arte y que se requiere de un proceso de reflexión, trabajo y estudio, para poder, no comprenderlo y entenderlo, sino acercarse a éste de una manera más adecuada.

Confieso que, hasta hace muy poco, no le encontraba mucho sentido al arte contemporáneo, y no era algo que me atrajera demasiado. Sin embargo yo diría que hay cuatro sucesos que me han cambiado el panorama y que quiero compartir con los lectores de Callejero. Lo primero fueron las visitas a la exposición Pulso Alterado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), al recién inaugurado Museo Jumex y a Zona MACO y por otro lado que en las últimas semanas he hecho lecturas (mismas que he discutido en clase) de autores como Pierre Bourdieu, Rosalind Krauss, Arthur Danto, Clement Greenberg y Dennis Dutton. Acercarse al tema del Arte Contemporáneo, me parece en lo personal algo fascinante, aunque no tan sencillo de estudiar y mucho menos de entender y explicar. Este será el primero de varios artículos que publicaré en Callejero sobre el tema, y no trataré de dar una guía para entender el arte contemporáneo, ni tampoco busco que el lector piense lo que yo; más bien quiero compartir las ideas que me van surgiendo conforme me voy acercando más al tema, y me encantaría que esto no sea un monólogo, sino un diálogo en el que los lectores den su opinión.

ZONA-MACODel 5 al 9 de febrero de 2014 se llevó a cabo la onceava edición de Zona MACO. México Arte Contemporáneo, en el Centro de Exposiciones Banamex en la Ciudad de México. Zona Maco es una feria dedicada en su mayor parte al arte contemporáneo, aunque este año hubo una zona dedicada al diseño y otra más al arte moderno. En 11 mil metros cuadrados de exposición con la participación de 111 galerías, esta feria es la más importante del país y una de las tres más importantes en Latinoamérica. Tuve oportunidad de asistir por primera vez a la misma el último día. Fui por curiosidad, para ver qué se exhibía y cómo era el ambiente. Pensaba que iba a encontrar muchísimas obras que serían muy difíciles de encontrar sentido y muchas obras malas. Sin embargo me sorprendí que si bien había de todo, encontré bastantes galerías exponiendo cosas interesantes y buenas.

zona_maco_2014_597721930_1940x1200Esta visita la realicé antes de enfrentarme a las lecturas antes mencionadas. He de decir que esto es algo muy importante pues mi experiencia hubiera sido completamente diferente. Como el titulo de este artículo lo dice, me pregunté al estar ahí, “¿y cómo me acerco a esto?”, “¿cómo debo entenderlo?”. Como menciono, fue la curiosidad la que me llevó a asistir y fui con mentalidad abierta, pensando “a ver qué me proponen”, y recorrí la feria sin la pretensión de tratar de entenderlo todo (no me creía capaz), pero tratando de encontrar en las obras algo que pudieran decirme. En esa visita encontré obras que me parecieron muy interesantes, de autores tanto figurativos, como abstractos o conceptuales, como Glenda León, quien expuso obras relacionadas con la música y el silencio y donde por ejemplo ponía un pentagrama sin notas a la que tituló Silencio, u otra donde las líneas del pentagrama estaban pintadas de colores y tituló Silencio alegre. Estas obras me gustaron por el concepto propuesto más que por la técnica o materiales usados, pues de hecho eran muy simples. En cuanto a obras cuya técnica me llamó la atención están las de Peter Zimmerman, quien utiliza resina epóxica, la cual chorrea sobre el lienzo lo que hace que la obra sea vistosa. Claro que existen ejemplos de lo contrario, donde uno se encuentra obras que no son más que, a mi parecer, meras manchas, garabatos o imitaciones de otros artistas como Andy Warhol. O peor aún, obras conceptuales a las cuales no les encuentro el mérito conceptual.

zona-maco_copyPodría seguir mencionando obras que me llamaron la atención o que me gustaron, pero en este artículo quiero más bien llegar a otro punto. Al asistir a una muestra de arte contemporáneo, sea en un museo o en una feria como Zona MACO, ¿qué actitud tomamos? Creo que hay cuatro que pude distinguir: quien va a comprar, quien va a hacerse el interesante y conocedor, quien va a burlarse y criticar sin fundamento y quien va abierto a las propuestas.

Tras las lecturas mencionadas, he ido formándome una incipiente idea de cómo acercarse ese tipo de obras. Para empezar, Danto deja claro que ahora estamos ante obras que deben ser estudiadas desde la filosofía y ya no desde la concepción de arte de Vasari, en el que podemos distinguir estilos basados en técnicas y figuraciones. Es muy interesante la propuesta de Greenberg respecto a que si tenemos una obra que refleja fielmente la realidad (desde un frutero hasta una escena de campo), es más llamativa al común de la gente, pues sin mayor esfuerzo la entiende, mientras que una obra cubista por ejemplo, requiere que uno la piense para encontrarle algún sentido. En el arte contemporáneo no podemos esperar  valorar el virtuosismo o la técnica, debemos ir más allá, a un plano de las ideas o filosófico que nos permita acercarnos mejor a las obras.

2014-02-09 14.37.09Idealmente, un buen artista contemporáneo sería un buen filósofo, o por lo menos jugaría de buena manera a ser filósofo por medio de su obra, pero esta concepción, retomada por Danto, en la que la posmodernidad permite que cualquier cosa pueda ser considerada arte, por el mero hecho de concebirlo así, se presta a charlatanes que no tienen ideas de lo que están presentando más allá de hacerse los interesantes.

2014-02-09 14.52.33Muchas veces preferimos decir que eso es una tomada de pelo o que de ninguna manera puede ser considerado algo artístico, pero la pregunta que me gustaría dejar abierta es, ¿realmente no es arte y no puede entenderse o más bien no queremos hacer el esfuerzo por entenderlo? Es más fácil, repito, ver un Velasco y decir “que bárbaro, que paisaje”, o un Arrieta y decir, “mira la fruta, hasta se antoja” en vez de enfrentarse a un Orozco y reflexionar sobre qué quiere decirme un automóvil reconstruido. Y con esto de ninguna manera pretendo demeritar el arte anterior, pues me parecen obras realmente magníficas y que en efecto pueden lograr transmitirnos algo, pero por qué no pueden estar al mismo nivel obras cuyo valor no está en la técnica, sino en la filosofía. Como Rosalind Krauss hace ver, al arte contemporáneo no debemos estudiarlo como lo hacen los historiadores del arte, tratando de encontrar el documento o el suceso que explique una obra, debemos ir al plano filosófico que nos permita entender al artista en su contexto.

2014-02-09 14.50.29Quiero insistir en que no pretendo decir que todo el arte contemporáneo es bueno, ni que todo se vale, más bien quiero hacer una invitación a detenernos y reflexionar si estamos dispuestos a tratar de entenderlo o lo vamos a desprestigiar sin argumentos. Quiero dejar claro que entenderlo implica un proceso de reflexión filosófica. Zona MACO fue el pretexto para escribir este artículo, y estoy seguro que la vi de un modo muy diferente al que la vería hoy. Como pudieron notar, esta es la incipiente reflexión que hasta el momento me he construido y que quise compartir con los lectores de Callejero.

Para leer más:
Bourdieu, Pierre, El sentido social del gusto. Elementos de sociología de la cultura, trad. Alicia B. Gutierrez, Buenos Aires, Siglo XXI, 2010
Danto, Arthur C., Después del fin del arte: el arte contemporáneo y el linde de la historia, trad. Elena Neerman Rodríguez, Barcelona, Paidós, 2010.
Dutton, Dennis, El instinto del arte. Belleza, placer y evolución, trad. Carme Font Paz, Barcelona, Paidós, 2010.
Greenberg, Clement, Arte y cultura. Ensayos críticos, trad. Justo G. Beramendi y Daniel Gamper, Barcelona, Paidós, 2002.
Krauss, Rosalind E., La originalidad de la vanguardia y otros mitos modernos, versión de Adolfo Gómez Cedillo, Madrid, Alianza, 1996.
Zayas, Marius de, Cómo, cuándo y por qué el arte moderno llegó a Nueva York, trad. Antonio Saborit, México, Universidad Nacional Autónoma de México/DGE Equilibrista, 2005.

La belleza no está en el cursor de photoshop

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Ayer se publicaba en el excelente blog Vecindad Gráfica una pequeña muestra de la protesta artística que el portugués-alemán Daniel Soares llevó a cabo a mitades del año pasado en las calles de Hamburgo. Como se puede apreciar en la imagen que encabeza este artículo, Soares se dedicó a pegar una imagen con la barra de herramientas de photoshop en los anuncios de la marca H&M para criticar la forma en que esta compañía vende una imagen falsa en su publicidad. Este tipo de campañas no es nada nuevo, la empresa Dove lleva varios años promoviendo la belleza real y evidenciando la forma en que las herramientas de retoque fotográfico afectan la percepción de belleza en sus campañas (Evolution y Photoshop Action son dos ejemplos que tratan sobre el tema de photoshop, pero otros como Real Beauty Sketches hablan directamente de la percepción de la belleza).

Todos sabemos que lo que hoy consideramos bello no es necesariamente lo mismo que en el pasado se consideraba como tal. Esto es debido a que la belleza es una construcción social que evoluciona a la par que las diversas comunidades humanas comienzan a apreciar ciertos atributos por encima de otros. Lo mismo ocurre con la apariencia física de los integrantes de dichas comunidades. Para los mayas antiguos, la belleza se encontraba en la deformación del cráneo; para los Karen de Birmania, lo bello es el largo cuello de las padaung o mujeres de cuello largo; para el mundo occidental de la primera parte del siglo XX, no era poco común que las mujeres en los anuncios comerciales estuvieran dotadas de unas sugerentes caderas y amplio busto. Los que nacimos después del surgimiento de las supermodelos de pasarela recordaremos claramente una infinidad de campañas en contra de la bulimia y la anorexia, enfermedades que en tiempos pasados eran bastante poco comunes y que no formaban parte del léxico cotidiano del mexicano promedio, pero que sin embargo empezaron a capturar cada vez más la atención del público. Desde los años sesentas se había venido dando un cambio paulatino de los cánones de belleza en el mundo occidental, con Estados Unidos siendo la vanguardia en este proceso, en donde se dejó de apreciar la voluptuosidad femenina como una característica deseable, y fue reemplazada por delgados cuerpos, pómulos marcados y extremidades famélicas. Para emular a las modelos que cubrían las revistas de moda, muchas jóvenes empezaron a recurrir a métodos poco ortodoxos y en muchos casos peligrosos: automedicación con drogas para la reducción de peso u otras que tuvieran como efecto secundario la disminución del mismo, dietas bajas en calorías y ejercicios extenuantes, intervenciones quirúrgicas como el bypass gástrico y la liposucción, y, por supuesto, la bulimia y la anorexia.

Pintura al óleo de Sonya A. Novosolov

Cualquier diseñador gráfico sabe que photoshop es una herramienta de trabajo básica y de un poder impresionante. También sabrá cualquier diseñador que haya trabajado en una publicación impresa o digital, que el retoque de fotografías es en muchos casos necesario para crear el efecto que se desea en el lector. El problema surge cuando el trabajo de un diseñador se hace pasar como una representación fiel de la realidad. Las revistas femeninas son especialmente culpables de esto, pues presentan a la figura femenina como un objeto perfecto al cual las mujeres del común deben aspirar y los hombres perseguir. El poder que los medios tienen en la sociedad y en los individuos que la conforman no puede ser desestimado, sobre todo cuando la sociedad misma le da una importancia tan grande a las opiniones que los medios hacen públicas. El reciente caso de Lena Dunham en la revista Vogue muestra cómo hasta los cambios más pequeños y aparentemente insignificantes en una fotografía pueden alterar completamente lo que uno percibe, pero si tomamos en cuenta que la mayoría de lo que tomamos como belleza es creado en una computadora, entonces podemos darnos cuenta del alcance de esta problemática.

Los diseñadores gráficos, fotógrafos y editores de publicaciones, como creadores de los contenidos en los que la percepción de la realidad se basa, tienen una gran responsabilidad en esto, pero el público debe aprender que la belleza no está en las páginas de una revista o la lente de una cámara, y que no debemos medirnos con las escalas que otros nos presentan ¿por qué perdonar a una revista cuando editan una fotografía hasta el punto de que la modelo resulta irreconocible, pero no hacemos lo mismo cuando un fotógrafo realiza un cambio aparentemente insignificante en una fotografía que le hizo ganar el Pulitzer?

Actualmente vivimos un nuevo proceso de cambio en los cánones de belleza. De nuevo vemos a mujeres voluptuosas en portadas de revistas (como la maravillosa Christina Hendricks), hay cada vez un menor interés por la apariencia ultradelgada de las supermodelos de pasarela (también se han aprobado leyes que regulan el peso de las modelos) e incluso las tiendas departamentales parecen estar cambiando la forma en que los maniquíes representan la figura femenina. Pero, a pesar de todos estos cambios (que considero son beneficiosos), se sigue obligando a la mujer a ceñirse a ideales imposibles de belleza. El futuro parece ser prometedor, pero el responsabilidad de todos que este tipo de problemáticas cesen.