Actividades gratuitas en el Museo Memoria y Tolerancia (agosto)

El Centro Educativo Truper del Museo Memoria y Tolerancia invita a participar en los cursos gratuitos que ofrecen este mes. Continúa leyendo Actividades gratuitas en el Museo Memoria y Tolerancia (agosto)

A propósito de la huelga en la UADY

La Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), antes Universidad Nacional del Sureste, fue fundada el 25 de febrero de 1922 por Felipe Carrillo Puerto (gobernador socialista de Yucatán) bajo un ideal humanista y como un impulso educativo para las clases medias y bajas de la región. Ha sido reconocida como la institución educativa más importante del sureste mexicano por su nivel académico y la calidad de sus egresados. A pesar de estos antecedentes y la raíz social de su fundación, hoy la universidad atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos 20 años. Continúa leyendo A propósito de la huelga en la UADY

Maestritos de rancho… ciudad, bachillerato, primaria, secundaria; todos.

Con cariño para mis compañeros de la especialidad en Español de la Escuela Normal Superior del Estado de Coahuila, inspiración para este material.

La figura del docente, al menos en gran parte del el país –refiriéndome a México–, representa una figura de autoridad,  ejemplo de respeto y profesionalismo; o al menos eso parecía. Continúa leyendo Maestritos de rancho… ciudad, bachillerato, primaria, secundaria; todos.

Más educación… ¿para el examen?

Estoy seguro de que todos en más de una ocasión no dormimos, nos estresamos o pusimos demasiado nerviosos por la presentación de algún examen. Decenas de veces en la vida escolar y extraescolar nos enfrentamos a presentar un examen. En cierta forma podría afirmar que vivimos en una sociedad ya acostumbrada a ellos. Examen de admisión, examen diagnóstico, examen de habilidades, son sólo algunos ejemplos de las pruebas que se han vuelto un medidor común y aceptado por la sociedad. Pero, ¿qué sucede cuando el examen ya no es lo que mide los conocimientos educativos sino los conocimientos educativos quedan subordinados al examen? ¿Qué costos de inclusión y exclusión tienen los exámenes? ¿Es la forma más efectiva para medir las capacidades de los individuos? Continúa leyendo Más educación… ¿para el examen?

Martí Batres, el docente (Entrevista)

Martí Batres Guadarrama (Ciudad de México, 1967), abogado,  político mexicano, exsecretario de desarrollo social del Gobierno del Distrito Federal, autor de siete  libros; ha articulado en diferentes periódicos, como La Jornada, Milenio, El Universal, entre otros. Actualmente imparte clases en Ciudad Universitaria (UNAM) en la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) y funge como presidente del Comité Ejecutivo Nacional de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

La mayoría de las veces, cuando se habla de una figura política se habla estrictamente de su acción política, así como de los cargos que desempeña, ya sea dentro de una cámara de diputados, el  senado, o de lo que habla en el estrado. Los medios de comunicación están siempre a la expectativa, por lo regular de los errores más que de los aciertos, cuando se está inmerso en el medio político.

En esta ocasión, intento dejar de lado a la figura política (si es de izquierda, de derecha, o a qué partido pertenece), ya que Martí Batres, además de ser político (por lo que regularmente se le conoce) también funge como catedrático de la UNAM, como ya se menciona anteriormente. Es en esta figura en la que he decidido enfocarme, la de docente. Mi intención en esta corta entrevista es dar a conocer la perspectiva que tiene de la educación en México, así como su experiencia y lo que le que aporta a su persona la docencia.

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Octavio: ¿Cuál es su objetivo principal como catedrático?

Martí: La docencia genera una gran satisfacción, es parte de la formación de un ser humano, significa transmitir lo que sabes a las nuevas generaciones. Hacerlo de manera sistemática es un doble orgullo porque significa que lo estás haciendo como una profesión y, por lo tanto, la aportación a la sociedad es mayor.

O: ¿Cómo considera las condiciones de la educación en México?

M: La educación en México se encuentra en una grave crisis. Cada vez tiene menos presupuesto, el gobierno federal ha abandonado la educación, especialmente a la educación superior.

O: ¿Qué propone como alternativa para mejorar la educación México?

M: Necesitamos mayor presupuesto, cupo para todos los jóvenes que desean entrar a la educación superior, dotación de materiales, útiles escolares, uniformes a los niños de educación básica (sic), mejorar la nutrición, impulsar la lectura, así como promover el uso masivo de tecnología.

O: ¿Cómo concibe el nivel de la educación en la UNAM?

M: La UNAM es lo mejor que tenemos en materia de educación en México. El nivel de educación se encuentra dentro de los mejores, pero es evidente que se tiene que trabajar para mejorar cada día más.

O: ¿Qué le ha dejado la docencia a su persona?

M: Me ha dejado una gran satisfacción personal. Soy hijo de profesores, por ende tengo la inquietud de la docencia en mi vida, además de la satisfacción personal de encontrarse muchachos en algún lugar y poder escuchar “usted fue mi profesor”.

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Me reservo los juicios de valor sobre los políticos, que si uno es bueno y otro es malo, únicamente quisiera hacer ver que, en este caso, Martí Batres, al igual que la mayoría de las personas, desarrolla otro tipo de actividades. Es de respetarse el tiempo que le otorga a la docencia, dejando de lado el salario o cualquier otro tipo de beneficio que pudiese adquirir y sabiendo de primera instancia que el trabajo como docente no resulta nada fácil. A pesar de esto, la inspiración y el ímpetu de transmitir conocimientos siguen latentes en Martí Batres.

Reflexionar el museo. 9no Congreso Internacional de Museos

Generalmente se considera al museo como una institución muy importante en el ámbito cultural pues es un medio de acceso tanto a contenidos educativos como un acercamiento al arte y otras manifestaciones. No se pone en duda su importancia y pertinencia en nuestra sociedad, sin embargo, pocas veces se reflexiona en torno a esta figura. ¿Qué discurso lleva implícito un museo? ¿a qué problemáticas se enfrente en su creación y funcionamiento (sobre todo si es gubernamental) ¿cuál es la mejor manera de presentar la colección? ¿cómo debe ser el museo del siglo XXI? Éstas y muchas otras preguntas es necesario formularlas y, si bien no dar una respuesta única y definitiva, sí sacarlas a tema y reflexionar en torno a ellas. Continúa leyendo Reflexionar el museo. 9no Congreso Internacional de Museos

Educación, ¿la salvación de la democracia?

¿Cuántas veces no hemos escuchado que la salvación de la democracia está en la educación? ¿Cuántas veces no hemos atribuido a la deficiencia educativa la deficiencia del régimen democrático de nuestro país? ¿Cuántas personas no afirman que lo anterior? Sin duda, sabemos que son muchas las personas, los políticos e incluso los intelectuales quienes apuestan por ello. A simple vista, tal afirmación resulta convincente: a través de la educación se formarán ciudadanos más conscientes e interesados en la práctica política del país y estos ciudadanos serán quienes a través de su participación activa mejorarán el régimen democrático en el que vivimos. La anterior afirmación se ve fortalecida por quienes creen que esto es cada día más posible gracias al uso casi universal de internet y de las redes sociales. Así planteado, parece alentador el panorama que la educación puede dar a la democracia, incluso se podría llegar a una participación más activa de la ciudadanía en los asuntos públicos.

Analizando la cuestión, vemos, no sin un dejo de decepción, que lo anterior no es tan simple ni tan fácil como parece. Giovanni Sartori, una de las figuras más sobresalientes en el actual debate en torno a la democracia, analiza esta cuestión en dos de sus obras más importantes: ¿Qué es la democracia?Homo videns. Gran parte de lo dicho en este artículo parte de la lectura de dichas obras.

Para empezar, debemos darnos cuenta de que el ciudadano educado no es necesariamente un ciudadano interesado e informado en política, es más, podríamos llegar a decir que es prácticamente imposible que lo haya, veamos por qué. Supongamos que en nuestro querido México ocurre un milagro inesperado y tenemos una población donde todos son profesionistas. Contamos así con una población de individuos conocedores de alguna rama del saber, con personas que efectivamente han recibido una educación universitaria, ¿por eso hay ciudadanos más conscientes en la actividad política del país? Tal vez habría unos cuantos ciudadanos dedicados al área de ciencias sociales o al área de las humanidades que efectivamente lo estarían, y eso ya es mucho decir. Pero, ¿y los demás? Es casi seguro que al ingeniero, al físico y al químico poco o nada le interesa la actividad política del país, claro está que como en todo habría muy pocas excepciones. ¿Por qué? Es bastante simple en realidad. Actualmente son altísimos los niveles de especialización en todas y cada una de las ramas del saber. Me parece evidente que los profesionistas desean siempre especializarse en su rama del saber, sobre todo en un entorno laboral tan competitivo como el de nuestro país. Por si lo anterior fuera poco, todas las profesiones exigen una actualización constante a la que los profesionistas deben de estar atentos si quieren hacer bien su trabajo y mantener seguro el empleo. Dicho lo anterior, no es de sorprendernos que el ciudadano profesionista no se ocupe de los asuntos públicos, aunque no sea por falta de interés o apatía, si no simplemente por que carece de tiempo.

Más allá de lo anterior, habrá quien replique que el sólo hecho de tener un bagaje cultural en alguna rama del conocimiento basta para que la gente sea consciente y participe de manera activa en la democracia. Esto es falso, puesto que supone que la educación lleva inmediatamente a desear participar en la democracia. En La civilización del espectáculo, Vargas Llosa cita el famoso caso de Heidegger, una de las mentes más brillantes del siglo pasado, quien era un ferviente partidario del nacionalsocialismo. Otro caso que también contradice la suposición, aunque menos importante que el gran filósofo alemán, es el de los jóvenes que tras recibir una educación universitaria optan sin más por proclamar la necesidad de una revolución armada, siendo ésta todo lo contrario a la democracia.

Una vez denunciado el absurdo de la afirmación con la que se abre este artículo, es necesario preguntarse por la solución. Inmediatamente muchos de ustedes dirían: “lo que se necesita entonces es una educación política para todos los ciudadanos”. Pero de ser esta la solución, representaría más problemas que soluciones en la práctica. El problema inicial consiste en quién ha de impartir esta educación: el estado o los particulares. En ambos casos existe el peligro de que la educación se oriente a formar ciudadanos adeptos a tal o cual postura política. Ahí está el segundo problema, el problema del contenido de tal educación. El contenido de dicha educación puede ser un discurso de defensa o de ataque en contra de tal o cual postura política, por lo que nuestra tan añorada educación política, que habría de llevarnos a generar ciudadanos conscientes, puede convertirse fácilmente en adoctrinamiento.

Si resulta imposible educar a los ciudadanos para la democracia, entonces, ¿Qué hacer ante las malas decisiones de la mayoría? Me parece que este problema es muchísimo más complejo de lo que a simple vista parece, por lo tanto, no creo que por ahora nadie pueda dar una solución satisfactoria y mucho menos en un artículo. Es por eso que me limito únicamente a dejar señaladas las críticas a la postura que proclama que la salvación de la democracia está en la educación e invitar a nuestros amables lectores a reflexiones profundas, a que no se dejen llevar por las primeras impresiones o por soluciones fantasiosas que no tienen ni un ápice de realidad.

Definitivamente, en la educación no está la salvación de la democracia, o por lo menos, no del todo.

El papel del profesor

¿Cómo debe ser el profesor? ¿Cómo debe formar a sus alumnos? ¿Debe ser un técnico o un intelectual? ¿Cuál es su papel para-con la sociedad? Este artículo surge a partir de la lectura del texto Los profesores como intelectuales transformativos del profesor estadounidense Henry A. Giroux, conocido por ser uno de los fundadores de la corriente de la pedagogía crítica. Dicho texto es sólo un capítulo del libro del mismo autor titulado Los Profesores como Intelectuales: Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje (editorial Paidós). No quiero dejar de mencionar que aquí retomaré algunas ideas del Dr. Sebastián Plá, con las que coincido.

Vale la pena poner en contexto la obra de Giroux y mencionar que surge como respuesta a las reformas educativas promovidas en Estados Unidos a finales de los años ochenta por el entonces presidente Ronald Reagan, en las que entre otras cosas, existe un nuevo concepto de profesor. Giroux considera que se ve al profesor como un técnico o un mero servidor público, cuya función es seguir al pie de la letra un programa hecho por expertos y que no debe ir más allá. Es decir, el profesor se vuelve simplemente un transmisor de lo propuesto por el Estado.

El texto de Giroux sigue teniendo una importante vigencia, sobre todo en nuestro país en el que hace unos meses fue aprobada la Reforma Educativa, en la que ocurre parte de lo que dice Giroux: Asociaciones civiles, legisladores y expertos planean una reforma en la que no se le pregunta al profesor su opinión. Porque debemos tomar en cuenta que puede que en el papel suene bien y tenga lógica, pero la realidad en el aula es muy distinta, y el problema está en que muchas veces la realidad escolar supera a lo planteado en el programa.

Otro problema que trae este tipo de políticas educativas es que el profesor comienza a perder su liderazgo y su papel social. Pues ya no debe pensar pues esa tarea la han hecho otros y sólo debe seguir un programa. Además ya no puede preocuparse por cosas más allá de lo que establece el programa, lo que se convierte en un círculo vicioso pues si no existe la confianza en el profesor para que este participe en el diseño del sistema educativo, éste pierde interés en su trabajo. Con esto llegamos a grados extremos en los que, por ejemplo, vale más lo que diga el resultado de la prueba Enlace que el contacto del profesor con el alumno.

Estando en este punto, es donde cobra importancia la propuesta de Giroux pues reacciona en contra de este profesor técnico y propone que el profesor debe ser un intelectual transformativo que combina “la reflexión y la práctica académica con el fin de educar a los estudiantes para que sean ciudadanos reflexivos y activos” (Arthur Giroux, Los profesores como intelectuales transformativos, en Profesión Docente, no. 15, diciembre 2001), pues, como menciona, es importante tener en cuenta y hacer notar a los estudiantes que toda actividad humana implica una forma de pensamiento y por ello debemos buscar conjuntar pensamiento y práctica, y sobre todo crear un lenguaje donde se haga crítica pero conjugada con la posibilidad.

Surge aquí la posibilidad de que el profesor sea un intelectual dentro del mismo sistema, pues si bien puede cubrir con el programa  puede darle un enfoque más crítico, por ejemplo, hacer notar que no existe una sola versión de la historia de México, sino que hay más posibilidades y que no debemos conformarnos con una versión única, pues esto puede pasar del aula a la vida cotidiana. Giroux sugiere también que se le haga ver al estudiante la desesperanza como algo poco convincente y la esperanza como algo práctico.

La lectura del texto de Giroux da pie a hacernos una importante pregunta: ¿para qué sirve la educación? Es común escuchar a personas que afirman que la educación nos sacará adelante o que es la base de una sociedad. Pero vale la pena detenerse y preguntar si debe haber una imposición de conocimientos válidos que todo ciudadano debe conocer, o si es posible y correcto que cada profesor elija qué enseñar dependiendo su contexto. Lo que a mí me parece muy importante es el fomentar un pensamiento crítico al alumno, haciéndole ver que no hay verdades absolutas.

Por supuesto que a un estado no le conviene pagar a profesores para que lo desprestigien o cuestionen y que hagan generaciones de gente crítica, por ello será difícil ver un sistema educativo con tales características. Sin embargo considero que el profesor puede actuar no como un mero técnico, repetidor de contenidos, sino un intelectual que piensa y fomenta el pensamiento crítico a sus alumnos, aún dentro del sistema educativo y con el cumplimiento de los programas establecidos. Claro que la decisión está en cada profesor.

Finalizo reiterando mi amplia recomendación de leer el texto de Giroux, pues estemos o no de acuerdo con parte o con todo lo planteado, da pie a reflexionar sobre un tema muy importante para una sociedad: la educación.